16 mayo 2018

Fundación Pau Casals frente a la Playa de Sant Salvador-El Vendrell


Quiero dar las gracias a todas las personas que han hecho posible que el tiempo no sólo retroceda, sino que lo haga para revitalizarnos, así fue nada más entrar en su casa.



                                             Libertad y Naturalidad.


  Todo ello con virtuosidad.


                                                     
                                         
                                       Su correspondida correspondencia si antes fue sorprendente hoy es, extraordinaria.


                              



No imaginé, ni siquiera soñé conscientemente mientras deambulaba por las estancias de su casa que lo siguiente me estremecería tanto...


Al verlo sentí que parte de su alma permanece aquí y lo evidencié no sólo delante de su otra mitad sino unos segundos después. Cuando la presencia de su violonchelo me traspasó con su indivisible espera, milagrosamente el audio, se puso en marcha. 




Escuchando a Pau Casals tengo una sensación de sublimación, especialmente con la Suite de Bach número uno y la naturaleza humana.  Puedo escucharla mil veces y no me causa otra sensación.

Para despedirme, os dejo con unas palabras de Emerson las cuales transcribo de un librito de Thoreau que os recomiendo antes o después que Walden. Hablo de "Caminar", traducido por Marina Espasa pero que como ella, evitaré traducir lo siguiente:

 "Wherever there is knowledge, wherever there is virtue, wherever there is beauty, he will find a home".


15 mayo 2018

Soñé en un pie derecho aterido de frío



Tápame esta demencia de burbuja que solitario te pienso, esa malvada poesía que te rechina en los dientes, tan solo soy un extraño en la fatalidad poética, en el linde perdido de la palabra, al otro lado de un verbo que intenta escurrirse de su predestinada espuma huyendo cobarde hacia los cuchillos de una ausencia que muere en el ayuno.

Tápame con una losa o tápame de frío o de locura, pero no pongas una muralla ni una hoguera en las ranuras de la noche porque debo traspasar la nebulosa hambruna de la frustración.

Pregúntame quién soy, a qué dedico mi orgullo o la indiferencia con qué amarilleo las calles, dime qué rostros o qué estampas elogio con la mirada ingenua de terapias y la indigna manía de responderle a todo.

Podría usted tener razón, es bastante absurdo todo esto, soñé en un pie derecho aterido de frío, el izquierdo escuchaba parsimonioso el clarinete indeciso de Allen Stewart, no es un día para subir sobre los hombros la gloria de Annie Hall ni de prender fuego a esa llama que arroja fósforo sobre las distraídas promesas de un poema que enjuaga sus hebras al vasto sol de un silencio analfabeto.

Tápame este barreno, este volcán de mi geografía.

Alonso de Molina. Universos Diversos. Poesía del siglo XXI

29 diciembre 2017

A finales del 2017...






De nuestros días más felices, aquellos en que cada cosa era insospechada antes y evidente después de que ocurriera, quedarán las miradas tristes, el miedo, evitado, a la máscara de luz que se pondrá el tiempo, la risa tonta del gin, el decisivo silencio al despertarnos espalda contra espalda, la forma de las nubes que ya todo lo anunciaban (pensaremos), la ropa nueva que dejamos en el fondo del armario, los bigotes de merengue, el siniestro empuje de una fe.
De nuestros días más tristes, los predecibles, quedarán las reconciliaciones, el café después del beso, los meandros que da la ira para decir te quiero, un mobiliario elegido a medias, el ruido al masticar sin mirarnos (después echar a reír), la certeza de que no se puede odiar aunque se pretenda, que felices son los ciegos porque sólo ven en sueños, que en una isla más se pierden los amantes cuanto más pequeña sea.

Esto no lo he escrito yo pero no está mal :D

Siempre me han gustado las islas fuera del mes de julio y agosto, poner los pies antes o después de estos dos meses pueden modificar por completo el concepto de sentirse aislado, pero no me gustaría mezclar soledad que para mí es placer con aislamiento que me suena más a purgatorio, me gusta explorarlas en coche de punta a punta o en bici o si me lo encuadriño muy bien en velero, cuando acabo con la tierra (cosa que nunca pensé que haría) entonces las recorro por mar, y a veces ha sido al revés o intercalando, eso depende exactamente de mi fragilidad al llegar.

Agustín Fernandez Mallo fue a Mahón y escribió un libro aunque es tan corto que podría decirse que es un intercambio de imágenes, de fragmentos poéticos casi,  lo que has leído en cursiva es una muestra de lo que escribió después de sufrir, o mejor dicho, no era una muestra, era el dolor fragmentado que escribía mientras aún sufría.
Este no es el libro que más me ha hecho pensar, es quizás el que más me ha hecho sufrir sin llegar a pasarlo mal del todo, porque en realidad mientras lo leía yo simplemente iba despertando, se podría decir que al terminarlo me dí cuenta que amanecía con parte de su dolor, parte de su ira, parte de sus celos y también hallé algo de compasión y lo más poderoso, lo que amanece y anochece contigo, su sensibilidad estática, tan sutil como su sentido del humor. He visto en tu tangible dolor que el corazón en realidad jamás se rompe.

Querido Agustín, incluso más que la muerte, es el desamor lo que más nos hace sufrir, palabra que por infinita parece invadeable pero después del gran desamor te das cuenta que solo es una cuestión de perspectiva,  de tu perspectiva más que de corazón, porque si con el corazón roto escribes esto, qué escribirás cuando esté recompuesto?.

Me hubiera gustado encontrarme contigo en aquel muelle de Mahón, (después de terminar el libro, antes no) y cogerte solemnemente de la mano, llevarte al acantilado más grande por profundo de la isla  y lanzarte desde la altura más estupefacta (y ya sin soltarme de tu mano) me hubiera gustado romper el mar con nuestros cuerpos. Verías exactamente lo que se tarda en salir a flote y lo pronto que el otoño llama al invierno para decirle a la primavera que alquiles algo que viene verano y aunque ese cuerpo de talle aristocrático asomará de nuevo en algún lugar recóndito de tu memoria, al cabo de un año, lo hará con el siniestro empuje de un recuerdo, casi casi, tallado a tu medida.

Somos lo que queremos ser.

Feliz Año Nuevo.



13 septiembre 2017

Retórica narrativa

Cuando las personas comparamos no estamos siendo honestos con la realidad y aparte de no ser honestos con la realidad, exponemos la inteligencia a una creatividad ya domesticada: la de los prejuicios. Es pura retórica cuando en realidad, los hechos y las personas son muy distintas a otros hechos y a otras personas. Leo últimamente en muchos sitios comparaciones que deprimen mi capacidad de comprensión creativa porque lo único que se consigue comparando es deleznar la verdad y sacrificar la autenticidad de los hechos.  Las historias no pueden compararse con otras; el independentismo con el nazismo, los peperos con los fachas, el sufrimiento de las familias catalanas al que se refiere Soraya Sáenz de Santamaría con el verdadero sufrimiento de las familias catalanas del cual, tampoco habla ni un sólo político catalán. Cuando abandonemos el comparar y nos centremos únicamente en ver y narrar, la humanidad avanzará emocionalmente por lo menos un siglo.


11 julio 2017

Distintas formas de mirar el agua

Julio Llamazares es de los escritores que piensa que una historia no se elige, que es la historia la que te elige a ti, y creo que esto se puede extrapolar a muchos lectores pues siempre he pensado que son los libros los que nos eligen a nosotros, excepto cuando alguien te los regala o te presta el último libro que ha leído pensando que a ti te va a llenar tanto como a él o a ella.

Una de las personas que más acertaron poniéndome un libro entre las manos fue mi abuela, yo en cambio, soy bastante incapaz de acertar regalando un libro y seguramente es por la convicción de la que hablaba al principio.

A veces nos reuníamos en la terraza del Majestic, muy cerca de la Casa del Libro, nos tomábamos algo rápido porque aunque fuese mi abuela en ocasiones tenía más prisa que yo y así, en un soplo de justicia abuela-nieta hablábamos de nuestras vidas. Nunca me resistí a su elegancia, y cuando digo elegancia, no me refiero a esa elegancia que va con las formas y que se puede aprender, no, ella nació elegante sin pretensión, y esto visto lo visto, es como un aura que por mucho que se intente imitar no se acaba de perpetrar ni aún teniendo dinero. Por eso defendía encarecidamente la belleza natural y me encantaba su aptitud para poner la mirada en el tiempo, me cautivaban sus conversaciones, me hablaba de pinturas, de exposiciones, de libros, de películas, de actores y actrices, y escuchábamos música clásica..me enseñaba cosas realmente agradables, aparte compartíamos sensaciones y emociones de la vida cotidiana y por supuesto muchos recuerdos, también es cierto que coincidíamos en muchas cosas y en otras nos escuchábamos, yo escuchaba especialmente su sonrisa reservada siempre al presente, alimentando el futuro, no lo invocaba pero lo convocaba y me parecía encantadora por eso.

Debí aprender mucho más de ella, debí escucharla más cuando me decía: viaja, no dejes de viajar, vuelve a Italia, ves a Tokio, a París, y a Londres,  tendrías que seguir aprendiendo idiomas y viendo mundo; me lo decía ella, que en la infancia cruzó los pirineos para acogerse a una escuela de Francia, huérfana de padre y dejando a su madre en plena guerra civil sola en Barcelona, cruzó junto a su hermana y unos veinte niños más los pirineos a pie, descalzos, sin apenas comida, al llegar enfermó tanto que casi murió...en medio de la guerra, mi bisabuela no daba con ella, se me deshacen los ojos leyendo la correspondencia que mi bisabuela se cruzaba con la Cruz Roja para tener noticias de ella y de su otra hija, creo que colaboraré toda mi vida con la Cruz Roja, por esto y por lo que han hecho siempre.

La solución para mi bisabuela tan de Esquerra Republicana ella, en medio de ese escenario bélico, enviudada en un piso de cinco habitaciones y dos hijas a buen recaudo pero sin noticias de ellas, fue casarse con un americano; él se enamoró de ella y adoptó a sus hijas, para ello primero fue a buscarlas a Francia y no fue fácil ya que al llegar a Francia, por edades, las separaron, no se llevaban mucho pero al ser su hermana un poco más pequeña que ella la llevaron a otra escuela, a un un lugar desconocido desde ese instante luego se supo que estuvieron a punto de adoptarla unos extranjeros y de haber sido así, quizá nunca la hubiese conocido yo. El americano vino casi con la paz y les hizo de buen padre en la postguerra, las educó tan amablemente como pudo, sin embargo mi abuela, no pudo olvidar a su padre.

Dos noches antes de morir, mi abuela me habló otra vez de su padre, la invité a ello, pensé que hablar de él la reconfortaría, le aliviaría quizás su miedo a la muerte a cambio de ese deseo de reecontrarse con él. Este era su punto más débil, nunca fue capaz de hablarme de la muerte, ni el día que murió su hermana, ni el día que murió su hermano, ni mi abuelo o una de sus nietas, ni siquiera unas horas antes de morir, cuando ella se daba por vencida, no nos dijo quiero que me entierren aquí o allí, tampoco supe nunca si quería ser incinerada, obviamente estos detalles eran producto de su elegancia en bruto, elegancia que a mí me afectó mucho al ver su féretro en el crematorio: junto a su cuerpo había dos difuntos más dispuestos a entrar en los crematorios, no pude aguantarlo, nadie me obligaba a estar allí, excepto la conciencia de no acompañarla hasta el final, ella pobre, que ya no estaba!

Unos minutos antes, acababa de verla detrás del cristal que enmarcaba su cuerpo dentro de la caja y, no puedo decir que estaba en paz aunque lo parecía, no puedo decir que descansaba en un placentero sueño, para mí estaba muerta y las flores olían a un ambientador que me parecía potencialmente turbador y de malgusto, su cuerpo refrigerado no le quitaba dignidad, le aumentaba por momentos y pensarlo me parecidó sádico por mi parte, llegué a mirarla como cuando uno mira por primera vez una escultura de Miguel Ángel o de Bernini, algo en mí surgía para deplomarse gélidamente.

Creí que no podría leerle el poema de "por quién doblan las campanas", pero lo hice, lo hice como aquella vez en la que ella me la leyó a mí un martes por la tarde, recuerdo que era martes porque los martes yo salía del colegio y me iba a comer a su casa y mi abuelo que salía un poco más tarde del trabajo mi abuela me acercaba el teléfono que mi abuelo tenía junto a la olivetti y me hacía llamarlo por teléfono, dile que ya estás en casa y que lo esperas..

Siento añoranza, no es pena, es anhelo, dicen que el anhelo es tristeza pero en mi caso yo sólo anhelo su cariño y su amor, creo que si ahora no lo sintiera me moriría; y necesito ir a su casa, aunque sea a ratos una o dos veces por semana, abro sus ventanas y dejo que el aire y lo inunde todo, sus muebles, sus pinturas tan bonitas en su composición con ese colorido que sólo ella sabía combinar, sus libros, sus camisones, me siento unos instantes junto a la terraza y de repente su voz regresa a mi y lo hace con una cadencia de gran madre, filtrándose en mi sombra, la sombra de su nieta, acaronando mi tez, inclinando mi dolor, es como un suspiro de paz, y es el entendimiento profundo de por qué los franceses llaman a sus abuelas grand mère y a sus abuelos grand père.. cenizas...cenizas...cómo pude dejar que se convirtiera en cenizas...no sé cómo lo hicimos, pero lo hicimos.

 En "Distintas formas de mirar el agua", Julio Llamazares ha dejado un pregunta en su contraportada:

¿Puedes regresar a un lugar del que nunca te marchaste?

"La gente no sabe muchas veces lo que debajo del agua se oculta ni la historia que se borró para siempre con la demolición del último de los pueblos que aquí existieron. De ahí que algunos exclamen mientras lo contemplan: ¡Qué bonito! y que triste añado yo."

En medio de un paisaje hermoso y desolador, la muerte del abuelo reúne a todos los miembros de una familia. Junto al pantano que anegó su hogar hace casi medio siglo y donde reposarán para siempre las cenizas de Domingo, cada uno reflexiona en silencio sobre su relación con él y con los demás, y sobre todo cómo el destierro marcó la existencia de todos ellos.

Desde la abuela a la nieta más pequeña, desde el recuerdo de la aldea que los mayores se vieron obligados a abandonar a las historias y pensamientos de los más jóvenes, esta novela es el relato coral de unas vidas sin vuelta atrás, una caleidoscopio narrativo y teatral al que la superficie del pantano sirve de espejo.

No existe una única forma de ver el agua, pero el sentimiento de desarraigo, de exilio definitivo, ha permeado gota a gota en esta familia, generación tras generación. Tal vez porque ningún lugar duele tanto como aquel al que jamás podrás volver si no es desde el recuerdo o una vez muerto. Pero lo importante es regresar, como Ulises a Ítaca. No importa cómo ni de qué forma.

06 julio 2017

Agua sexual (Pablo Neruda)


 Rodando a goterones solos,
a gotas como dientes,
a espesos goterones de mermelada y sangre,
rodando a goterones,
cae el agua,
como una espada en gotas,
como un desgarrador río de vidrio,
cae mordiendo,
golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del
alma,
rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro.

Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto,
un líquido, un sudor, un aceite sin nombre,
un movimiento agudo,
haciéndose, espesándose,
cae el agua,
a goterones lentos,
hacia su mar, hacia su seco océano,
hacia su ola sin agua.

Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero,
bodegas, cigarras,
poblaciones, estímulos,
habitaciones, niñas
durmiendo con las manos en el corazón,
soñando con bandidos, con incendios,
veo barcos,
veo árboles de médula
erizados como gatos rabiosos,
veo sangre, puñales y medias de mujer,
y pelos de hombre,
veo camas, veo corredores donde grita una virgen,
veo frazadas y órganos y hoteles.

Veo los sueños sigilosos,
admito los postreros días,
y también los orígenes, y también los recuerdos,
como un párpado atrozmente levantado a la fuerza
estoy mirando.

Y entonces hay este sonido:
un ruido rojo de huesos,
un pegarse de carne,
y piernas amarillas como espigas juntándose.
Yo escucho entre el disparo de los besos,
escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.

Estoy mirando, oyendo,
con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma
en la tierra,
y con las dos mitades del alma miro al mundo.

y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,
veo caer un agua sorda,
a goterones sordos.
Es como un huracán de gelatina,
como una catarata de espermas y medusas.
Veo correr un arco iris turbio.

Veo pasar sus aguas a través de los huesos.

12 junio 2017

Amistad





Estos días me estoy releyendo el blog y me doy cuenta que ha pasado mucho tiempo. Algunas cosas han cambiado, como mi lugar de trabajo o mi casa y, en esta metamorfosis, mis ideas y mis valores también han ido adquiriendo otra perspectiva. Tengo la suerte de tener amigos, la querencia de tenerlos, de conservarlos, y esto no es una cuestión de suerte, es una cuestión de afinidad, de cariño, de amor y en en no pocas ocasiones de admiración y creo que de intriga. El amigo verdadero siempre te colma de una cierta intriga, cada vez que se va y a medida que pasan los días esa intriga no se desvanece, al contrario, permanece hasta que lo vuelves a ver. Al amigo por tanto, se le piensa en su ausencia, es más bello para mi este sentimiento que pensar o decir te echo de menos.. El verdadero amigo está en ti, de tal forma, que no puedes echarlo de menos, si lo echas de menos es que no está plenamente ti. Quién nos enseñó a echar de menos?

Fundación Pau Casals frente a la Playa de Sant Salvador-El Vendrell

Quiero dar las gracias a todas las personas que han hecho posible que el tiempo no sólo retroceda, sino que lo haga para revitalizarnos,...