sábado, 17 de septiembre de 2011

A cadena perpetua

No paró de nevar en toda la noche. El paisaje amaneció completamente blanco tras las cristaleras del salón.  La urbana postal monocromática no le alegraba ni el ánimo ni la vista, en realidad lo entristecía locamente. Era el peor invierno de su vida, sentía tanto dolor en su alma que era incapaz de disfrutar la espontánea sonrisa de los niños mientras construían encima de las aceras pequeños muñecos de nieve, tampoco seguía con entusiasmo el trayecto de las bolas bomba que cruzaban las calles de acera a acera...sin duda ya nunca más sería el mismo, sentía que su carácter se había transformado, ya no era alegre, pasional, decidido,  ya ni siquiera esperaba con anhelo la llegada de la primavera.

Sabía que su inmovilizante iceberg no se fundiría con los suaves arpegios que desprenden los árboles con los primeros calores, ya ni siquiera esperaba la eficaz e incandescente llama del verano, él sabía muy bien que nada derritiría su dura y gélida alma, ni siquiera la seductora ternura del solstício...nada de nada liquidaría su iceberg, ni el llanto lo licuaba, sus lágrimas eran duras estalactitas pegadas, cristalizadas, fosilizadas dolorosamente al  iceberg.

De repente, un hombre alto y corpulento entró en la estancia sujetando el brazo de una dama. Con exquisitos  modales, el hombre corpulento presentó a la dama. Se miraron sin esbozar en el rostro la más mínima sonrisa, pero si una cosa intuía el hombre corpulento desde aquella frialdad común con la que se miraban era que la dama y su amigo habían conectado al menos sus frías personalidades, permaneció en silencio, observándolos retirado, sentado en una cómoda butaca del clásico salón.

Le parecía que su amigo jamás había sentido una mirada tan desafiante atacando su iceberg, los ojos de la dama eran tan grises y fríos como el acero, aquella mirada de metal era clara, directa, dura y cortante, laceraba sin piedad la punta más fría de su iceberg, lo convertía en escarcha, en un granizado de dolor hecho a pedazos, jamás había visto tanta agilidad psicológica en una simple mirada, de repente se venía abajo, sentía su temor clavado en sus facciones, sin embargo, vió como apartaba la mirada hacía otros puntos de aquella impresionante anatomía,  su inconsciente y masculina mirada quedó hipnotizada, atrapada en las piernas de aquella dama, ¿cómo es capaz de deambular así por el salón mientras tritura mi iceberg con sus dos metales grises?

Se enamoró de ella desde el primer instante. El hombre corpulento abandonó el salón con la certeza de que aquel amor sería para el resto de sus vidas. Pasaban los días, los meses, los años y continuaba viéndolos, deleitándose en aquellas dos vidas de carne y metal, dibujaban en cada estación de los años una única sombra en el asfalto. Cuando uno se deslizaba los dos a la vez se movían. En ocasiones tropezaban y aunque sus movimientos iban calculados lograban esquivar traqueteantes y adoquinados callejones, saltar aceras y correr juntos hasta el  final de todas las calles y callejones, de vez en cuando se colaban en cines, en teatros, en altísimos edificios llenos de escaleras, y buscaban el botón, el botón del ascensor para poder besarse suspendidos entre los pisos. Tan sólo se despegaban en el momento que él necesitaba dormir, la dejaba al lado de su cama para poder verla cada mañana al abrir los ojos. Desde que la conoció nadie le supo dar nunca una libertad más válida.


jueves, 15 de septiembre de 2011

Saturación.

Detesto la política porque me satura la mente tanta manipulación. Interés. Intereses. Dividendos. Estoy harta del catalán como tema político y de los catalanes como tema de manipulación. Estoy saturada de tanto español y de tanto españolismo fictício. Este malestar que se respira entre catalanes y no catalanes tan sólo me inspira una cosa que jamás pensé que podría llegar a pensar,  no tiene sentido ningún voto en esta democracia nuestra tan sumamente demacrada.

Quiero un dictador, un dictador que se cargue la imperfecta y corrupta democracia española. Estoy cansada de la eterna  ira contra los catalanes, españoles de segunda por defender una lengua propia cuando nosotros siempre hemos escrito y hablado la lengua nacional antes de que nos fuera impuesta por el régimen franquista. Lo que hizo el alcalde de Badalona es vergonzoso desde mi punto de vista como catalana adscrita al territorio español y simpatizante cultural de España, mi país, tal y como figura en mi DNI y pasaporte. Este fenómeno ha tenido las santas pelotas de cargarse la diada nacional de Catalunya en Badalona, un pepero que olvidó hacer semejante muestra de afecto antes de pretender la alcaldía.

Yo nunca he defendido la independencia catalana, y ahora tampoco lo haré, ahora lo que quiero, lo que reclamo es un dictador español suficientemente competente como para exterminar la ira, a ver si así, sin que tengan que ganarse, mendigar o robar un voto a base de peripecias paranormales y sobrenaturales, alguien empieza a pensar en las personas como seres humanos que compartimos la tierra y el aire, con sus riquezas culturales y sus sentires por encima de esos travestidos "humanos" que abren juego barajando economías lingüísticas tropezando con la cultura de base e incendiando ciudadanos del mundo y de a pié, alzando sus afiladas mandíbulas por encima de la humanidad e incapaces, inútiles todos ellos, de erradicar tanta pobreza social ibérica, a ver si alguien sólo es capaz de abolir tanta mezquinidad nacionalista junta y es capaz de entronar sus ideales desde algo más cultural, más amoroso, más respetuoso, más  humano, más natural, más sencillo, más digno.

Quiero un dictador, un dictador como jamás ha visto la historia Universal.

martes, 6 de septiembre de 2011

Momento íntimo: Grítame, necesito gritar...

Quiero compartir en petit comité una intimidad... 
Soy tímida. Antes lo era mucho más pero sigo siéndolo. Estoy en un nivel que no me aísla, en el que soy capaz de comunicarme con soltura. Pero aún así, yo no sé si a vosotros os pasa, pero hay cosas que no compartiría con nadie y cuando digo nadie, es nadie. Soy incapaz de gritar en presencia de alguien, ni estando completamente fuera de mis casillas me libero gritando, es tal el impacto y desconcierto que me produce a mí que alguien me grite con ira que no me veo capaz yo de hacerlo. Sin embargo, a solas no digo que no lo haga, es más lo afirmo, afirmo que es sumamente liberador el quejido en forma de grito, pero ojo que no quiero gritos fríos ni estridentes...mi grito no va con el lenguaje de la ira...yo necesito un grito caliente, un grito tibio o ardiente, un grito lleno de alma, de alma negra acompañada con blues, como tiene que ser..os aseguro que funciona, es una terapia rapidita, ideal para tímidos que no pueden o no quieren compartir sus quejidos con un psicólogo...es total sacarlo todo sin que nadie te entienda lo que estás diciendo...yo, no tengo necesidad de contarlo todo...pero qué descansada me quedo cuando grito a solas...para que me entendáis, por favor, escuchad esta canción y sentid el minuto 4, es alucinante hacerlo...si alguien lo practica me encantaría que lo compartiera conmigo aquí, o como mínimo que me dejara una buena terapia musical, el blues para mí es,  mi mejor grítame!  

Grítame! que yo sepa como gritas a solas.
Grítame.
Grítame lo que gritas.
Grítame.
Grítame tu silencio.


Gracias.






Bueno, yo identifico mi grito con el grito de una voz negra por la calidez que me transmiten, pero  lo que  yo busco con este post es que me comuniquéis los mejores gritos para vosotros, si coincidimos en calidez será genial para mí pero quiero saber vuestro sentir. Hay muchas canciones que escucho por la radio y que no sé encontrarlas después porque no sé el autor o no entiendo lo suficientemente bien el idioma para poder imaginar el título...sé que sois muy melómanos, así pues...

por esta vez...
Grítame!! :D

sábado, 3 de septiembre de 2011

Oh! lalá...

Tienes los pies justo detrás de la línea, en pocos segundos sonará el pistoletazo de salida...llevas días mentalizándote, cogiendo la energía de tu propio testimonio como corredor de fondo desde parvulitos pero, ya no eres un párvulo o una párvula, hace mucho que te afeitas o que te depilas, has llegado a muchas metas sin que nadie cargue ya con tu mochila. Tu mentalidad de atleta está suficientemente entrenada para llegar a la meta. Tomas aire y lo retienes en tu tórax encorbado mientras flexionas el empeine y las rodillas como un muelle. El agobio te invade en el último segundo y diriges la mirada a tus iguales...sospesas mentalmente sus mochilas, algunos llevan un peso mórbido a sus espaldas y, aunque lo hacen impasibles, por un momento te apiadas de su muelle y de sus lumbares.

Hace calor, mucha calor, estás sudando tu camiseta nueva como nunca sudaste la bata de rallas que llevaba cosidas tus iniciales en el cuello... ya nadie te borda tus iniciales...sabes de sobra quién eres y sabes lo que significa para ti, tu mochila. Detrás de las gradas los quioscos se llenan de revistas, periódicos y coleccionables. Desde las gradas, los jubilados te miran sin fatiga, su ferviente preocupación es seguir estando allí cuando llegues a la meta...las farmacéuticas lo saben...

Ya no te entretienes. Suena el disparo que retumba en el descanso...te embiste la carrera. Es una mañana de septiembre. Tu muelle te impulsa a toda leche pero, tu físico se resiste...estás a punto de llorar como un niño, pero ahí está el tío de la mochila mórbida que gamba la pista como un galgo...no lo pierdes de vista, corres detrás de él, paralelo a él, lo avanzas, te sigue...veis pasar a la "pilarica"...y, de repente, con su aparición, adviertes que olvidaste por completo la línea de salida y que ya estás corriendo, simplemente, por el placer de correr. 

Si eres agnóstico y no crees en los placeres de la vida...piensa entonces en tu mochila, en lo felíz que tú eras cuando alguien te la llevaba. También es verdad que hay quienes nunca nacieron para correr, en ese caso, siempre puedes practicar el equilibrio.