miércoles, 22 de enero de 2014

De la historia interminable ;-)


Bastián le enseñó al León la inscripción del reverso de la alhaja -¿Qué significa?- preguntó.

“Haz lo que quieras”.

Eso quiere decir que puedo hacer lo que me dé la gana?

El rostro de Graógraman pareció de pronto terriblemente serio y sus ojos comenzaron a arder.

No.- dijo con voz profunda y retumbante. Quiere decir que debes hacer tu verdadera voluntad. Y no hay nada más difícil.

¿Mi verdadera voluntad?- repitió Bastián impresionado -¿Qué es eso?

Es tu secreto más profundo, que no conoces.

¿Cómo puedo descubrirlo entonces?

Siguiendo el camino de los deseos, de uno a otro, hasta llegar al último. Este camino te conducirá a tu verdadera voluntad.

No me parece muy difícil – opinó Bastián.

Es el más peligroso de todos los caminos- dijo el León.

¿Por qué? – preguntó Bastián – Yo no tengo miedo.

No se trata de eso- retumbó Graógraman- Ese camino exige la mayor autenticidad y atención, porque en ningún otro es tan fácil perderse para siempre.





Michael Ende.

viernes, 3 de enero de 2014

Mi primer beso



El edificio seguía intacto, de ladrillo visto, la misma puerta metálica color gris plomo y las mismas rejas. Todavía no estaba dentro y todo me evocaba su olor. Cerré los ojos un instante, como saboreando aquellos años de perfumes perennes y no me demoré más, crucé la puerta metálica y pisé un caminito hecho con piedras de río que delimitaban un césped que antes no existía, me pregunté si sería artificial pero enseguida un hormiguero me sacó de dudas...subí tres peldaños, crucé la puerta de madera mirando de reojo el patio, las canastas, las porterías e inevitablemente me vinieron a la mente, Epi y sus discípulos...me refiero a Román, que de los chicos, era el más alto de la clase y el que solía meter triples.

A medida que me acercaba a la clase, mis latidos se aceleraban por el pasillo deshabitado, aún así, choqué de frente con el candor de la adolescencia y dejé que se filtrara por todos los poros de mi piel.
La puerta de nuestra clase estaba abierta, pasé y comprobé con desilusión que todo el mobiliario era nuevo, los pupitres fueron substituidos por mesas de dos plazas, la madera maciza se había transformado en una especie de tablero contrachapado con acabado verde manzana mate ahora dispuestas en ocho hileras de dos asientos cada una. La mesa del profesor, permanecía en el mismo lugar, al fondo de la sala, junto a la gran pizarra que ocupaba casi toda la pared. La distribución de la sala, desde luego, no daba para más...tras los ventanales, la misma vista parcial del patio que lindaba con el colegio donde cursé la EGB.

Con el tiempo, las paredes se actualizan como los pensamientos de los que las habitan, reflexioné. Busqué mi sitio y el suyo y me emocioné al escuchar entre las paredes ahora anárquicas y ateas los ecos de las clases de historia de Don Berastegui y no exagero, si digo que se me erizó la piel al recordar al profe de química escribiendo las fórmulas en la pizarra, empezando la escritura de izquierda a derecha, del final de la fórmula al principio y no al revés como los occidentales mientras iba insistiendo en el método redox que tanto tuve que descifrar con semejante erudito dando clases...fui incapaz de recordar en qué consistía exactamente aquel experimento con una pila de petaca, unos cables, y un ventilador desvallestado...al final vimos luces de colores pero no recuerdo qué intentó demostrar...pero bueno, aprobé, aunque se me haya olvidado por qué aprobé...
Recobré las esencias: las conversaciones entre compañeros y su sonrisa, su aburrimiento en religión, sus miradas, su pelo negro y brillante, su tez ligeramente morena, sus profundos ojos marrones grandes como dos avellanas, sus labios mas bien finos y sus notitas de papel cuadriculado circulando de pupitre en pupitre en forma de barco, de pajarita, de avión o de submarino hasta llegar a mi pupitre... su reclamo más insistente era: "cuándo vas a decirme que sí?" me parecía imposible disimular y lo cierto es que aguanté hasta el tercer trimestre, momento en el cual aprovechó el timbre del cambio de aulas para pedirme tarde de cine,

"Carpe Diem?", y yo le pregunté..."El club de los poetas muertos?", "¿ya la has visto?" "No" "¿y cómo sabes que sale esta frase?", "porque soy tu chica?" le afirmé preguntando porque siempre es más femenino aunque sentí que me anestesiaba sin haber pisado la universidad y estar facultado para ello.... "desde cuándo?" " desde la primera pajarita o desde el primer submarino...o quizá fue aquel avión? y de repente me cogió, me cogió de la cintura y empezó a cantar flojito...


 En aquel instante la ingravidez mantuvo nuestros cuerpos en suspensión, fuera del aula, por encima del aula, no importaba dónde...importaban sus manos que buscaron mi cintura y me recogían hacia él, me apretó contra su cuerpo...yo debí apartarme pero cómo hacerlo si era la primera vez que estábamos tan cerca y además hacía que me sintiera como un misil cayendo en picado o como un cohete disparado al universo, miles de cosquillas fluían con los átomos amorosos y sus mejillas, ardían, su cuello desprendía aquel olor de colonia floja pero verdaderamente fresca y nuestros labios se emanciparon para esbozar una especie de primer beso que se podía confundir con un roce de labios de lado a lado, sensual, y tan sumamente excitante que tuvimos que repetirlo otra vez y otra...lo sentí ausente del mundo, de los pasillos, de los timbres, tan sólo podía sentir su cuerpo, su respiración, su pelo entre mis manos, sus labios en mi boca, y ese susurrar de cosas grandes como que se sentía feliz.
El profesor, de repente apareció como el enemigo y nos pidió que entráramos en la clase. Cuando terminó la primera lección, nos citó a su despacho para seguir aleccionándonos...os advierto que como vuestras notas se resientan informaré a vuestros padres inmediatamente, yo asentí con la cabeza y lo miré como si el suelo estuviese fregado, entonces prosiguió con la mirada puesta en él...como vuelvas a besarla dentro de este instituto, os expulsaré a los dos.

Ese día, por la tarde, después de hacer los deberes fuimos como locos al cine.