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Que lo digan ellos...

Hace tiempo que, sin darme cuenta, dejé de soñar. Cuando pasas la barrera de los cuarenta suceden cosas curiosas dentro de tí. Son pequeñas revelaciones pero muy jugosas desde un punto de vista personal. Por ejemplo, a partir de los cuarenta empecé a decir que no a muchas cosas que antes era incapaz y, como nunca antes había dicho que no,  de repente me sentí apurada, cómo le puedes decir que no y quedar bien?...quedar bien? si, por eso mismo había dicho que sí infinitas veces a cosas que en realidad o no me apetecía hacer o me iban a complicar el día, el fin de semana, o la semana entera, porque encima, nunca sabes lo que te van a pedir.
 Además soy de esas personas que nunca piden nada, no es por orgullo ni por soberbia, es simplemente porque mi sentido de la responsabilidad o delicadeza con la vida de los demás, no me lo permite, bueno, rectifico, quizá si que hay algo de orgullo cuando pienso que tengo que hacer la vida que soy capaz de llevar yo sola, no la que haría quizás por …
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Des-pegar

Martes, 22 mayo, aprovechando que el lunes era segunda pascua en Barcelona, me tomé la semana entera de vacaciones. Mi destino: Menorca; pocos días para poco equipaje. Es algo que acabas aprendiendo necesariamente. Al despegar, un irresistible e hipnótico frenesí de libertad invadió mi capacidad mental y cognitiva. Creo que a todos nos llega en vacaciones, ese toque de queda tan íntimo, de impetuosa libertad. Es como si de repente tomaras los mandos de tu avión, olvidando por completo el piloto automático de cada mañana, es, ese amanecer a solas con tu estado real; es por fin, el rugir no platónico del león de la selva, es ese movimiento repetido desde antes de los griegos y a la vez tan mamífero del delfín cada vez que se impulsa, decididamente vital, por encima de la superficie del mar para llenarse de aire, y es también, como el pulso espiritualmente lunático, con el que la ola, abrazará la orilla para borrar innombrables huellas que no necesita; es todo esto, reducido al momentaz…

Fundación Pau Casals frente a la Playa de Sant Salvador-El Vendrell

Quiero dar las gracias a todas las personas que han hecho posible que el tiempo no sólo retroceda, sino que lo haga para revitalizarnos, así fue nada más entrar en su casa.


                                             Libertad y Naturalidad.

  Todo ello con virtuosidad.



                                       Su correspondida correspondencia si antes fue sorprendente hoy es, extraordinaria.




No imaginé, ni siquiera soñé conscientemente mientras deambulaba por las estancias de su casa que lo siguiente me estremecería tanto...

Al verlo sentí que parte de su alma permanece aquí y lo evidencié no sólo delante de su otra mitad sino unos segundos después. Cuando la presencia de su violonchelo me traspasó con su indivisible espera, milagrosamente el audio, se puso en marcha. 




Escuchando a Pau Casals tengo una sensación de sublimación, especialmente con la Suite de Bach número uno y la naturaleza humana.  Puedo escucharla mil veces y no me causa otra sensación.

Para despedirme, os dejo con un…

Soñé en un pie derecho aterido de frío

Tápame esta demencia de burbuja que solitario te pienso, esa malvada poesía que te rechina en los dientes, tan solo soy un extraño en la fatalidad poética, en el linde perdido de la palabra, al otro lado de un verbo que intenta escurrirse de su predestinada espuma huyendo cobarde hacia los cuchillos de una ausencia que muere en el ayuno.

Tápame con una losa o tápame de frío o de locura, pero no pongas una muralla ni una hoguera en las ranuras de la noche porque debo traspasar la nebulosa hambruna de la frustración.

Pregúntame quién soy, a qué dedico mi orgullo o la indiferencia con qué amarilleo las calles, dime qué rostros o qué estampas elogio con la mirada ingenua de terapias y la indigna manía de responderle a todo.

Podría usted tener razón, es bastante absurdo todo esto, soñé en un pie derecho aterido de frío, el izquierdo escuchaba parsimonioso el clarinete indeciso de Allen Stewart, no es un día para subir sobre los hombros la gloria de Annie Hall ni de prender fuego a esa lla…

A finales del 2017...

De nuestros días más felices, aquellos en que cada cosa era insospechada antes y evidente después de que ocurriera, quedarán las miradas tristes, el miedo, evitado, a la máscara de luz que se pondrá el tiempo, la risa tonta del gin, el decisivo silencio al despertarnos espalda contra espalda, la forma de las nubes que ya todo lo anunciaban (pensaremos), la ropa nueva que dejamos en el fondo del armario, los bigotes de merengue, el siniestro empuje de una fe.
De nuestros días más tristes, los predecibles, quedarán las reconciliaciones, el café después del beso, los meandros que da la ira para decir te quiero, un mobiliario elegido a medias, el ruido al masticar sin mirarnos (después echar a reír), la certeza de que no se puede odiar aunque se pretenda, que felices son los ciegos porque sólo ven en sueños, que en una isla más se pierden los amantes cuanto más pequeña sea.

Esto no lo he escrito yo pero no está mal :D

Siempre me han gustado las islas fuera del mes de julio y agosto, poner …

Retórica narrativa

Cuando las personas comparamos no estamos siendo honestos con la realidad y aparte de no ser honestos con la realidad, exponemos la inteligencia a una creatividad ya domesticada: la de los prejuicios. Es pura retórica cuando en realidad, los hechos y las personas son muy distintas a otros hechos y a otras personas. Leo últimamente en muchos sitios comparaciones que deprimen mi capacidad de comprensión creativa porque lo único que se consigue comparando es deleznar la verdad y sacrificar la autenticidad de los hechos.  Las historias no pueden compararse con otras; el independentismo con el nazismo, los peperos con los fachas, el sufrimiento de las familias catalanas al que se refiere Soraya Sáenz de Santamaría con el verdadero sufrimiento de las familias catalanas del cual, tampoco habla ni un sólo político catalán. Cuando abandonemos el comparar y nos centremos únicamente en ver y narrar, la humanidad avanzará emocionalmente por lo menos un siglo.

Distintas formas de mirar el agua

Julio Llamazares es de los escritores que piensa que una historia no se elige, que es la historia la que te elige a ti, y creo que esto se puede extrapolar a muchos lectores pues siempre he pensado que son los libros los que nos eligen a nosotros, excepto cuando alguien te los regala o te presta el último libro que ha leído pensando que a ti te va a llenar tanto como a él o a ella.
Una de las personas que más acertaron poniéndome un libro entre las manos fue mi abuela, yo en cambio, soy bastante incapaz de acertar regalando un libro y seguramente es por la convicción de la que hablaba al principio.
A veces nos reuníamos en la terraza del Majestic, muy cerca de la Casa del Libro, nos tomábamos algo rápido porque aunque fuese mi abuela en ocasiones tenía más prisa que yo y así, en un soplo de justicia abuela-nieta hablábamos de nuestras vidas. Nunca me resistí a su elegancia, y cuando digo elegancia, no me refiero a esa elegancia que va con las formas y que se puede aprender, no, ella …