Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Vivencias

Buscando a Lionel.

Son pocos los argumentos que podrían justificar la existencia de los zoológicos. Hace unas semanas mi sobrino me pidió que lo llevara al zoo. Le encantan los animales y los mira fascinado, se dirige a ellos espontáneamente buscando el sentido de sus vidas, intentando hallar las diferencias y semblanzas entre el rugido de un león y el rugido que él emula jugueteando detrás de las vallas. Miro a J. e intento situarme en su inopia, no seas aguafiestas me dije, intenta sorprenderte de lo que ya no te sorprendes, la realidad era más que evidente porque el único que allí rugía con carita aleonada era J. Por qué tienen todos tanto sueño?. Porque están cansados, acaban de regresar de la selva, sus garras de leopardo han trepado por muchos árboles y sus patas de pantera han hecho muchísimos kilómetros para llegar hasta aquí, están exhaustos...a pesar de la comedia creo que se notaba que mis molestias iban en auge porque ahor...

De la cuna al mar

A primera hora de la tarde de un miércoles deliciosamente primaveral, mi madre estaba inmersa en una apacible siesta cuando de repente, dándome yo por gestada la desperté alegremente; enseguida supo que me personificaba de forma inminente. Tuvo el tiempo justo de telefonear a mi padre y de alcanzar la clínica en taxi. Por suerte vivíamos a cuatro manzanas de la clínica. La comadrona, que era la misma que asistió a mi madre en el parto de mi hermana mayor no daba crédito de mi urgencia por conocerla.  Jamás entenderé como me pude presentar de una forma tan indiscreta a este mundo. Mi madre que siempre ha sido muy sufrida, no alarmó a mi padre cuando lo llamó al despacho y él, convencido de que tardaría en nacer otras doce horas como su primera hija, se detuvo a buscar a mis abuelos; cuando llegaron, el turrón,  ya estaba servido y las presentaciones fueron inmortalizadas. Mi abuelo gran aficionado a hacer películas,  grabó todas las etapas de nuestra vida. Y...

Una mañana de agosto...

Amanecía dentro del bosque. Hacia pocas horas que acababa de llover y un velo de neblina desnudaba lentamente las copas de los árboles. Los aromas de la naturaleza subyugaban el ambiente con el frescor de la hierba, con la intensa fragancia del pino, de la encina, de la tierra mojada. Fui a caballo por un sendero que conduce a un bello y serpenteante riachuelo divinizado por una cascada. Cuenta una leyenda que las hadas habitan detrás de la cola de la cascada, en una pequeña gruta que se abre entre las grandes piedras desgastadas por las caricias del agua. Aunque yo jamás las he oído cantar, alguno hay en el pueblo que asegura oír sus dulces melodías en las noches de luna llena. Auditivamente, agudicé todo lo que pude, pero allí lo único que interrumpía el silencio era el relajante sonido del agua patinando musicalmente entre las piedras que dividen las dos orillas y el alborotado revuelo de unos párvulos pajarillos que agitaban los nidos con un brío casi puberil, reclamando el p...

Reyes, paracetamol y... electricidad!!

La tarde de Reyes me encontraba destemplada, con fiebre y con la sensación de tener más huesos de los que preciso para moverme. En mitad de una  lectura bastante densa y algo repetitiva por falta de concentración, recordé algo que solía decirme mi abuelo, decía: "la cama se come a los enfermos", y en gran parte pude comprobar que tenía toda la razón. Efectivamente se refería a que no has de acomodar mucho el cuerpo y por ende la enfermedad porque el ánimo se suele postrar en ese sutil abandono, y es que estar enfermo, es sentir ante todo, un gran desánimo; recordar sus palabras junto a la efervescencia de un alimonado paracetamol  me animó a saltar de la cama y a sumergirme en un baño caliente con bahos de eucalipto, puse un poquito de música que siempre anima y me autosugestioné muchísimo para que la cama no se me engullera; cuando me di cuenta, mi ánimo había recobrado un lugar junto al de mi pequeño e impresionable sobrino. Jack, tiene exactamente un año y medio y es uno ...