Cuando estudié en la Escuela de Arte lo que más me gustaba era modelar. Me encantaba deslizar mis manos por el barro y darle forma; formas que a veces obedecían a un modelo elegido por el profesor o, en otras ocasiones, a modelos propios de nuestra imaginación: "trabajo libre", así es como lo llamábamos cuando los modelos eran propios de nuestra imaginación. Casi nunca el trabajo libre terminaba como lo había imaginado, raramente se parecía al boceto inicial que dibujaba en un papel como patrón de referencia y precisamente por eso, era libre, porque para mí él también tenía su razón de ser, aunque parezca de "pillados" necesitaba escuchar y sentir con mis dedos por dónde se aposentaba mejor el barro, por qué altura y anchura y consistencia se sentía más cómodo, de esta forma se iban aglutinando mis ideas "con" las del barro para terminar formando ese trabajo libre, en una sola pieza. A parte de modelar la arcilla otra de mis clases favoritas era la de d...