domingo, 20 de febrero de 2011

In-fiel

Hoy me apetece hablar de infidelidades en términos generales, sin hablar de mí. Intentaré no caer en tópicos, aunque siempre he pensado que los tópicos están para eso, para caer en ellos. Más o menos como las tentaciones que ahí están para caer en ellas, o no....

Tentación.

Sugerente palabra que va inmediatamente unida a otra más incendiaria: deseo. Ni que decir lo que se siente cuando ambas nos embargan acelerando los pulsos,  aumentando las temperaturas o atacando nuestra sed de boca y suscitando bestiales e irrefrenables apetitos carnales."La primavera" de Boticcelli se queda corta en esa explosión de sensaciones cuando el cuerpo y la mente renacen del más profundo letargo, cuando nuestra naturaleza parece despertar tras un frío y gangrenoso invierno matrimonial; ese invierno que se instala después de un otoño o tan siquiera sin pasar por él.

Es tan corpóreo y sensual  lo que se siente que para una Venus que cae en la más excitante de las tentaciones el famoso "Nacimiento de Venus" se tercia incluso demasiado inocente; claro que tiene su explicación si tenemos en cuenta que la Venus de la que estoy hablando no es la Venus que Boticcelli hizo nacer. La Venus de la que yo hablo está mas bien en fase Renacimiento, Resurrección. Siendo espiritualmente realistas  no es lo mismo nacer cuando se ha muerto que nacer por primera vez, hay ahí unos matices muy relevantes cargados de lirismo y de profunda soledad.

Lo malo del Renacimiento, de la infidelidad,  es que si te pillan, puede convertirse en una auténtica barbarie....sobre todo si se tiene la poca originalidad de renacer en la cama matrimonial con una veleta que no es tu cónyuge. Que os  pillen de esa guisa e intentar explicarlo "in situ" no tiene mucho sentido con un "tranquila cariño, ésto no es lo que parece" es más revelador y poco más original un "no estabas en casa de tu madre hasta las ocho?"

Pues bien, esta escena de "coitus interrutpus" que el cine ha sabido lucir con toda la gracia y esplendor del que es capaz el séptimo arte, debe de tener un punto más morboso que didáctico sobre lo que no se tiene que hacer en caso de querer poner los cuernos, porque realmente ha traspasado pantallas y se ha practicado en la vida real como algo excitante y total.
Hace poco me contaron  un caso igual, en el que la amante acabó vistiéndose a toda pastilla calzándose los tacones de la esposa cornuda en su acto de fuga en "do mayor". Lo más sorprendente del caso,  no es que la amante del marido jamás repitiera la escena melodramática de sexo en la cama de la esposa cornuda, no, lo más sorprendente es que nunca jamás le devolvió los zapatos a su propietaria,  ni siquiera contra reembolso,  lo cual dice mucho de la veleta en cuestión.

La veleta, resultó ser una ladrona de guante blanco que no solo intentaba robar maridos sino que además vaciaba armarios. Ésto que podría ser sustancia para un  gran anuncio publicitario de una buena marca de calzado femenino,  acabó siendo en realidad una auténtica primavera para esa pareja que tan aletargada se creía. Y es que los cuernos, no siempre se llevan o se ponen porque sí.

Reflexionando con la hurtada, acabamos concluyendo que lo triste del matrimonio es que casi no se peca con el marido o con la esposa.

Y es que la rutina y lo oscuro de la convivencia causa verdaderos estragos. No es habitual que la esposa se levante por las mañanas de la cama y deambule hasta la cocina con un sugerente conjunto de ropa interior de escotadas transparencias mientras se dispone a exprimir unas naranjas; ni tristemente, es el marido el que se dispone fogoso y enamorado a  elogiar esas curvas mientras enciende el horno en lugar de la tostadora. Que yo recuerde, no tengo ningún registro del séptimo arte en mi consciencia que haya sido capaz de elevar un matrimonio convencional de veinte años de oscura convivencia a las espaldas en semejante pose idílica una  mañana cualquiera de un matrimonio cualquiera. No hay narices de perpetrarlo ni de catalogarlo dentro del género comedia, y lo cierto es, que yo le veo un punto Almodovariano a esta escena....así rozando casi el terror de ver a tu Manolo Rana encendiendo el horno mientras te dice "no vas muy ligera de ropa", digo terror porque esa frase ya no es un "te quiero" (ñam,ñam, aquí y ahora) sino un "te amo" (tápate que te vas a resfriar)....para que luego digan que no es bonito el amor.

Es difícil por otra parte, no incurrir a esa zona de la memoria repleta de antiguos registros católicos que parece ser que algunos todavía llevan impregnados con el ADN cuando hablamos de infidelidades. Cuando para muchos de ellos sigue siendo un pecado, algo indecente, inmoral, tener un desliz, una aventura, echar una cana al aire, un respiro primaveral, una inyección en vena de vida...

Seamos honestos, no es una hipocresía negar que no estamos hechos para la más triste y desesperante rutina? no es una hipocresía decir que la barriga cervecera de Manolo es excitante mientras te tomas un analgésico para el supuesto dolor de cabeza tres veces por semana?

Ellos también tienen su lado cotidiano, nadie acaba tomándose analgésicos tres veces por semana porque sí.

Cuando un matrimonio presumiblemente joven actúa así, algo está sucediendo, y es que esos repetidos gestos se apoyarán en cosas que no hablan, en cosas que en principio ni se escuchan ni se comparten, aunque están ahí, cada día en el día a día. Es la fase sordomuda, anquilosante y deprimente de cualquier convivencia, si se le suman las cuentas en rojo, los niños llorando y despiertos a deshoras que parece que crecen pero no lo suficiente y el estrés del trabajo, lo tuyo ya no es desde luego una primavera y lo de él tampoco. Si además  se remata con la comida de mi madre que es mejor que la de tu madre...cada domingo....al fiera le van a crecer las domingas en otra dirección, sin muchos esfuerzos por poco que pueda....la vida es así, todo tiene un límite.

Esto nos libera de la culpa? del remordimiento? nos limpia la conciencia? tal vez no, pero los seres humanos necesitamos sentir el deseo y caer en la tentación más pecadora y nutritiva que exista, y es que resulta que normalmente acaba siendo una experiencia depurativa y regeneradora que en muchísimas ocasiones si se  lleva con discreción, con respeto hacia la pareja, resulta que la compensación placer-conciencia acaba uniendo más al matrimonio en lugar de romperlo.

Que no te pillen, pues. Acaba siendo un  juego de hipocresía la fidelidad eterna y más si tenemos en cuenta que hay distintos grados de infidelidad, casi tantos como grados de celos pueda haber.

Hay un caso también mencionable, en el que la esposa recibía con frecuencia regalos de su marido, abrigos, joyas, viajes, masajes, una delicia para ella.....una venda en los ojos que no levantaba sospechas puesto que siempre había sido generoso en este aspecto con ella. Un día que no quedó en el olvido se supo que el escrupuloso  tenía dos teléfonos móviles y dos vidas; con el comentado agravante que, no es que tuviera otra mujer en otro piso, con otros recibos y otros hijos, no. El tipo era un gigoló con su número sensual anunciado ardientemente en un periódico de tirada nacional. Un tipo normal, con una vida ordinaria y convencional, un buen padre, generoso esposo, algo sordomudo en el hogar pero con una vida paralela que él y solo él pudo explicar, aunque no sirvió de mucho....y es que hay cosas que no unen por más empeño que se le ponga.



domingo, 6 de febrero de 2011

Del ponte Vecchio al misionero...

El domingo por la tarde, el Arno se mostraba así de cautivador. El agua y la luz con sus reflejos y sombras crearon una atmósfera paisajística completamente sugestiva. 










Captar el momento sutil y exacto y mostrar lo que sucede más allá de mi cuerpo y de mi mente es algo que se ha convertido en una actividad perceptible, creativa y placentera de mis viajes. Encontrar el ángulo sensual o el plano más genuino entre lo mágico y lo imperfecto, entre lo real y lo irreal, es tal vez lo que más me engancha del objetivo de una cámara. 

La belleza que nos seduce o que nos atrapa por unos instantes de un paisaje es tan efímera que puede incluso resultar intangible para nuestros sentidos. A menudo en mis viajes me encuentro con imágenes irrepetibles y me doy cuenta de que nuestra retina es tan fugaz como rápida, inmortalizar o capturar ese instante que se nos escapa es sin duda lo que más me satisface de una instantánea. Para mí es simplemente una cuestión de espontaneidad  capturar lo que se desvanece con la luz, con el movimiento, con los mágicos segundos de vida que inexorablemente se dividen en mi espacio terrestre.



Y este fue mi primer instante especial en Florencia, en medio de la multitud; un músico callejero y el espectacular atardecer se llevaron de calle todas mis emociones, ambos me sedujeron y conectaron mi alma con un acento bellísimo que me arropó desde el primer instante, sin contemplaciones; es la dolce vita,  absolutamente italiana, es el libre albedrío, es el dejarse llevar, es el sentir más allá  de tu cuerpo, de la materia, del sabor a  fresa del gelati que se me estaba fundiendo en el paladar...qué poco cuesta llenar un momento de felicidad y cúanto nos complicamos a veces en percibirlo, a menudo está ahí, enfrente, dispuesto, preparado para nosotros.


video


Lástima que la calidad del audio de mi móvil no le hace justicia al cantante, pero es suficiente para hacerme revivir ese instante que se complementó con las imágenes de abajo. Numerosos músicos amenizan los paseos por Florencia, en una plaza, en una esquina, a la luz de una farola, o bajo los rayos del sol, son fantásticos, me llenan de alegría y de emotivas sensaciones.






El lunes amanecí febril, con un trancazo en el cuerpo de los que te hacen sentir cada milímetro óseo,  y no, no fue ni nada tuvo que ver con el  famoso síndrome de Florencia, creo que fue un virus que ventilé con rapidez gracias a mi entusiasmo por el arte, a unos cuantos caldos y a un médico que no vaciló en aplicarme el Renacimiento en cuanto me palpó. 

El martes retomé con fervor las calles de Florencia y descubrí nuevos y fascinantes escenarios. Me salté a la torera todas las colas que se aglomeraban en los principales museos gracias a la venta anticipada por Internet; colas de tres y hasta de cinco horas para entrar en la Accademia, quedaron reducidas a diez minutos de espera, con un sencillo paso. Todo me vino rodado, parecía estar en cada momento en el sitio exacto; tuve incluso la suerte de poder coger entrada para la ópera y me emocionó muchísimo porque fue una sorpresa tremenda para mis oídos escuchar o mio Babbino caro, allí, tan cerquita de la Porta Rossa. Tras los aplausos y alguna que otra lágrima descontrolada del público en general salí de la ópera con el cuerpo traspasado, rendido a aquella voz que se repetía en mi cabeza, realmente es conmovedora y única esta pieza de Puccini, por más veces que la escucho no dejo de sentir una emoción  que me eriza la .piel.

Como ya era tarde y quería madrugar regresé al hotel. Mi habitación no era muy espaciosa pero estaba exquisitamente decorada, el mobiliario, los cuadros, los tejidos, los colores, y por supuesto la comodidad del colchón y  la limpieza.... todo me resultaba muy agradable, además me sentía casi como en casa después de haber pasado todo el lunes metida en aquella cama. Estaba contenta porque con la medicación mejoré muy rápidamente y ya pude degustar la gastronomía toscana.

Me dí una ducha relajante y  abrí las dos puertas que daban al balcón para que entrara la luna hasta la cama, coloqué la almohada justo en el medio y me tumbé cómodamente. No sé si pasaron unos diez minutos o más de contemplación astronómica cuando de repente unos ruidos alteraron todos mis sentidos, bueno, en realidad más que ruidos eran descarados gemidos los que  traspasaban la fina pared que separaba mi habitación doble de la de los huéspedes de al lado.

La situación para mí era un poco violenta, porque aquello cada vez iba in crecciendo de forma espectacular. Para tranquilizarme yo misma me dije: “ésto en treinta minutos como mucho está resuelto”..... resignada salí al balconcito a fumarme un cigarrillo y hasta allí seguía oyendo aquellos ohhhhhh, ahhhhh, ahhh, ohhhh, con saña, con desespero, con una pasión muy pero que muy desatada, pero claro los muy exagerados estaban pegando el polvo del siglo y se tenía que enterar toda la humanidad, porque de verdad lo que se oía no era de un polvo normalito, y lo digo con toda la convicción y con todo el convencimiento de que más de treinta minutos de gemidos intensos  no puede ser muy normal, ese tío estaba hecho un fiera, un salvaje, un animal..... mi mente se estaba poniendo malísima  y mi cuerpo empezaba a sentir un calor insoportable, y además me entraba la risa con todo  lo que me estaba pasando por la cabeza. 

Llegué a imaginar al misionero más cargado de "misiones" y "balas" de toda la historia porque desde luego  tenía una tralla el muy gozoso que me estaba desquiciando por momentos con tanto empeño y tanto engatillazo y, su víctima...debía de ser  la teniente O’Neill porque no se quedaba atrás, debía estar pegadísima al colchón, con semejante cuerpo a tierra de arrastra y menea que ni la propia Demi Moore sudó tanto para ganarse las medallas, yo  no podía más y tenía una inmensa curiosidad por verle la cara a ese fiera, claro que eso era fácil, nadie se salta el desayuno después de un polvo tan agotador, se levantará hambriento y con el cutis radiante como un brillante, mañana eso se tiene que ver....se tiene que notar joder! 

Volví a la cama y aquello seguía igual, más de lo mismo, dale que te pego...
Intentando cazar alguna palabra pensé en  varios idiomas y en varias nacionalidades, españoles no son, me dije toda convencida, ningún español se va de su casa tan hambriento siendo nuestro país el del jamón....franceses? desde luego van clavaditos al “ne me quitte pas”....ingleses? “we are the champions” sí.... campeones lo son, doy fe y la reitero si hace falta, ....qué suplicio, eso te pasa por separarte...no querías estar sola, pues toma....

Cuando ya pasaban los tres cuartos de hora puse el plasma en marcha, tenía los ojos como dos lunas de tanto mirar al cielo mientras otros parecían sentirse en él, ....y voy y engancho un canal porno que de repente matizó todos los gemidos, oyéndose al unísono.....no me lo puedo creer....era la tele, claro!, pura ficción jajaja.....me entró una mala leche al pensar que el muy fiera se había quedado dormido con el volumen de la tele a toda castaña.... o eso, o le ha dado un infarto....voy toda decidida y le sacudo tres golpecitos a la pared, espero un minuto y nada....tres golpecitos  más..... y nada,  solo el canal porno a toda pastilla y yo que pensaba que estaba matando a la teniente O’Neill....al final desde recepción marcaron su número de teléfono. Qué barbaridad! qué perdida de tiempo...qué gatillazo!