miércoles, 9 de julio de 2014

Cap de Creus








Uno trae la urgencia hueca y el vivir sin sueños, el acecho constante del mundo y sus derivas.

Uno está perdido en un anhelo sordo -no es deseo- de rapidez, dinero y trabajo sin aliento.

Uno llega aquí y la calma desacelera el corazón y el ánimo; Cambia el sentido de las cosas de tal forma, que esa paz se parece a la tristeza: tanta quietud, tanto silencio, tanto ritmo natural de pájaro y marea...

Las gotas afiladas de la lluvia agujerean el metálico mar que baila su clásica armonía.

Con su mudo respirar, los verdes olivares alivian las secas piedras y huelen a caricia.

El manto azul, las blancas casas, las gentes con su parsimonia y paz, por fin me envuelven y participo entonces de la naturaleza genuina de la Vida.