viernes, 28 de marzo de 2014

Teoría de una conspiración

Si alguien alguna vez me preguntara de dónde pienso que viene el bien y el mal, no diría que de Dios, que ya es sabido; por inconformismo más que por originalidad, buscaría la responsabilidad del bien y del mal en nosotros mismos, en nuestra propia naturaleza. De entrada se me ocurre que respiramos oxígeno (aire bueno) y lo transformamos en anhídrido carbónico (aire malo) y para más enjundia, lo expulsamos.

De todo este aire malo que circula por la atmósfera a nadie se le ocurre hacer así, por las buenas y valga la redundancia, algo bueno. Nadie ha sido capaz de inventar por ejemplo, un coche que circule con anhídrido carbónico y lo transforme durante la combustión en oxígeno: aire bueno que iría del tubo de escape a la atmósfera.

Este hipotético y os avanzo, experimento fallido por imposible,  de ser viable, generaría una cadena de bondades humanas, enfocadas a  preservar la vida y sobre todo la salud ambiental y por ende social, pero amigos, ocurre lo contrario, ocurre que con el petróleo y sus derivados, todos ellos materiales malos, se los estima porque son notablemente rentables(!) , tanto es así, que si alguien intentó la carburación eléctrica todavía sigue en la cola, no en la cabeza.

La teoría del mal no es proporcional a la teoría del bien, tengo la impresión de que defender la primera es mucho peor que la segunda, pero sin embargo, la primera siempre será más defendida que la segunda, y aún así, somos capaces de sobrevivir.

Hablando de mejores y de peores, de malos y buenos, del bien y del mal...la envidia, explota en el aire y este mal que se extiende, no sólo nos hace humanos, no sólo se defiende la envidia con esta causa, sino que además corrobora que el mal prolifera más que el bien, en este asunto de la envidia por ejemplo, aún siendo la envidia una mala explotación del bien, porque surge del bien o de la prosperidad de alguien, los envidiosos no dudan en atacar ese bien para transformarlo en el mal, los hay que además se molestan en señalarlo, en retratarlo en victimizar su indolencia hasta el punto de convertir lo bueno en un forúnculo.

Tendemos a transformar el bien en mal y no al revés. Y me pregunto por qué?

Los que  no soportan el bien ajeno, incriminan la virtuosidad, la vocación, la belleza,  la palabra, la educación o la inteligencia. Todo el mundo aspira a corregir el mundo, pero nadie o casi nadie aspira a corregirse a sí mismo, como os digo, es pecado la perfección y es pecado la excesiva bondad.

Creyendo que el bien es la perfección, lo incorregible, piensan que esa perfección, es un estado moral o mental superior al suyo, y no, eso molesta sobremanera...porque para ser real, para ser creíble y no resultar repelente o diana de envidias, has de ser o poseer como mínimo,  el mismo tamaño de pene, el mismo sueldo, la misma casa y los mismos pelos de maruja, esto es real, porque de no ser así,  indagarán otras partes de tu anatomía buscando el mal, y si no lo encuentran en tu cuerpo lo buscarán en tu personalidad, en tu educación, en tu tranquilidad...en definitiva has de poseer el mismo mal que ellos o ellas poseen y si encuentran uno peor, se lo quedan...

Nadie se enamora de la perfección, sólo los artistas o los eruditos son capaces de amar la perfección, porque la perfección mundana y callejera, no existe y de existir sería átona, amorfa, plana, sin error, sin maldad, sin mácula, porque no transmite nada, nada humano en lo que los humanos se puedan identificar, y obren, como se espera que obren, paradójicamente, desde la compasión, el ser humano hace el mal porque necesita sentir compasión. El mal, el dolor, la injusticia, la enfermedad o la muerte, incluso la envidia, al final, lo que reclaman es, su compasión, de otro modo, parecerían psicópatas...