sábado, 26 de noviembre de 2011

Cuando nos perdimos


Era un día muy frío del mes de noviembre. El invierno asaltó al otoño de repente y se lo quitó todo con una nevada y una fuerte ventisca; en pocas horas, los ocres, los calderos, los burdeos, la intensa gama de amarillos, los verdes de agonizante clorofila y todos los tostados volaron violentamente por encima del paisaje mientras la nieve cuajaba las ramas de los árboles desnudos y  blanqueaba la espesa hierba enraizada al duro suelo. Ningún animal de sangre caliente se cruzó en el acosado paisaje,  todos parecían haber abarruntado el inminente asalto de las crudas manos del invierno y sus inhumanas exalaciones.

Por la mañana, tras su imperante e inquisidora conquista, el cielo invernal sonreía relajado con sus dorados rayos transparentes exaltando el azul ceniciento. Silencioso, apacible e  impecable el aire se filtraba gélidamente en nuestros cuerpos acelerando nuestras piernas con brío juvenil  hasta la pronunciada pared de piedra caliza. Nos pusimos los arneses y los pies de gato y cogimos la vía que nos llevaría verticalmente a la cumbre. Él siempre iba primero, era el único sitio en el  mundo donde se saltaba la regla de "las damas primero", yo, desde abajo, tras él, vigilaba y estudiaba atentamente sus pasos, seguía sus tendones de aquiles hasta la cumbre de la montaña como si fueran el faro que legitima "tierra a la vista", lo seguía hasta que llegaba a la reunión (lugar de la vía calculado según la longitud de la cordada donde se asegura poder llegar a la cumbre sin dejarse la vida por el camino) y hasta el fin del mundo. 

Cuando llegábamos a la cima, en silencio contemplábamos el mundo y nos abrazábamos con la certeza de ser inseparables ante Todo. Desde allí divisé a vista de pájaro el nacimiento del  río que transitaba por todo el valle serpenteantemente entre los árboles saturados de nieve...
"Podríamos bajar haciendo un rapel por la otra cara y en un paseo llegar hasta el nacimiento del río, me gustaría verlo...".
"Se nos hará de noche, pero si nos apresuramos tal vez nos dé tiempo". 
Sonreíamos cada vez que nos mirábamos...
Descendimos hasta el valle y con la punta de los dedos tocamos el agua helada, recién nacida. Me besaba largamente los dedos, las mejillas heladas y los labios con una dulzura hipnotizante. Sin darnos cuenta olvidábamos el frío, el cansancio, la vida, nada parecía existir más que nosotros. Cuando abrimos los ojos vimos la noche caída encima de nuestras mochilas desprovistas de linternas. 

Estábamos bajo cero y casi a cero de energía... la imposibilidad de regresar transmitiría un alarmante mensaje a nuestros padres. No había cobertura de móvil y el coche estaba a unos cuantos pares de kilómetros...en medio de aquella oscuridad los grandes precipicios de profundidad abismal se hacían invisibles.

"Es muy peligroso regresar y para colmo hoy la luna no saldrá"...mi amado faro comenzaba a apagarse, sufría  y estaba enojado por haber dejado que me perdiera con él. Yo también sufría por nuestras familias, estaba segura que mi padre a las nueve y media de la noche, estaría cuadrando a todos los mossos y bomberos del país...eran las seis de la tarde, todavía no estarían sufriendo...

"Llevo un mechero, tenemos que intentar hacer una antorcha y buscar el camino" le dije.
"No ves que no prenderá jamás con un triste mechero? y si lo hace ya te digo que no se mantendrá encendida, está todo helado, mojado y no podemos permitirnos quemar la única ropa que nos resguarda del frío"...cada vez estaba más enfadado y además sabía que estaba pensando lo mismo que yo...que las piernas se nos estaban congelando y que caeríamos rendidos, agotados y exhaustos encima de la nieve...

¿Tienes mucho frío? me lo preguntaba con la mandíbula traqueteante mientras me cogía de la cintura...
"Só lo u un poco", le dije sin poder dominar la voz entrecortada...y me abrazó muy fuerte, no paraba de decirme "lo siento", "perdóname"...sentí su miedo y me asusté mucho, de repente me invadió una sensación  claustofóbica, sentía que el valle se nos estaba engullendo, atrapando en sus fauces heladas...

"No tenemos nada dentro de las mochilas que nos ayuden a pasar la inclemencia que nos espera...y estoy muy cansado y tú debes de estarlo...cómo he podido dejarme la linterna...??"

"No te lamentes nada cambiará de momento la situación, podríamos ir retando el suelo hasta encontrar una suite con chimenea...seguro que las tienen con vistas panorámicas y con el techo de cristal para que podamos contar todas las estrellas que se atrevan a brillar...y en cuanto salga el sol nos pondremos en marcha hasta el refugio y desde allí mandaremos un mensaje a nuestros padres...va, venga!!"

El refugio está en dirección opuesta al coche y por favor, no me repitas más lo de hacer fuego...

Pero aunque esté opuesto está más cerca y es preferible ir en dirección opuesta si eso nos permite avisarles cuanto antes, además una vez sepan que estamos fuera de peligro podremos recuperarnos un poco, calentarnos con una sopa instantánea de esas que tanto te gustan (las detestaba), o con un té muy calentito..."

Sí pero primero hemos de pasar la noche...tus padres me van a matar, ya no dejarán que me case contigo...

Casarnos? pero por qué? jajaja

Porque yo quiero.

Ah, vale...

Vale? no me vas a decir que sí, que tú también quieres?

No hasta que no me des alguna pista de cómo será nuestra luna de miel...

Ahora!?

Sí, ahora, se te ocurre algo mejor?

La noche más fría y lenta de nuestras vidas la pasamos encima del hielo bajo un cielo completamente inundado de estrellas. Nos estiramos en el suelo y juntamos nuestros cuerpos en un hermético y profundo abrazo. Al principio el frío era insoportable, tiritábamos poseídos y él me decía, "sigue hablando.." y cada vez que el cansancio me vencía cerraba los ojos y él entonces, agotado, me besaba...hasta que dejamos de hacerlo...














martes, 15 de noviembre de 2011

La Armonía de las Esferas



En un remoto día,  Pitágoras, cogió la cuerda de una Lira y descubrió que pulsada al aire producía un sonido (nota) y que si dividía a la mitad la longitud de la cuerda, la nota era exactamente la misma, pero una octava más alta, más aguda. Seguidamente comprobó que si dividía en tres, en cuatro, o en cinco partes la cuerda, la armonía se mantenía.

Al mismo tiempo observó que si las fracciones no eran simples el sonido que se escuchaba entonces era disonante y se rompía la armonía. Este método es el que se sigue usando hoy día para afinar los instrumentos de cuerda.

Las matemáticas para la escuela Pitagórica eran fundamentales para explicar la estrecha relación entre los números y el arte (música) . Los pitagóricos estaban convencidos de que en los números estaban todas las cosas, desde las más pequeñas de la tierra, hasta las más lejanas del Universo. Fueron ellos los primeros en decir que los planetas son esferas y que la tierra gira alrededor del fuego que produce la noche y el día.




Según Pitágoras el movimiento de las esferas es armónico y genera una melodía constante llamada “Música de las esferas”. El sonido de cada esfera corresponde a una nota de la escala musical que depende del radio de su órbita, igual que las cuerdas dependen de su longitud. La vida en la tierra sostenían está condicionada por esta sinfonía puesto que regula las estaciones, los ciclos biológicos y todos los ritmos de la naturaleza.

Según un famoso tratado escrito por Martianus Capella, quién vivió en el siglo V de nuestra era cristiana, la ciencia de la música primitiva se dividía en siete partes, a saber, sonidos, intervalos, sistemas, géneros, modos, mutaciones y melapacia (melodía). A estas siete partes se agregaron otras cinco: ritmo, compás, arte orgánico (arte instrumental), arte hipocrítico (gesto) y arte poético (composición del verso).

Observamos el predominio del cinco y del siete y su correlación con las operaciones de las doce Jerarquías zodiacales. Cinco de estas Jerarquías trabajaron con la naciente humanidad. A causa de su gran logro espiritual han pasado en liberación más allá de la percepción terrenal de los hombres. Las siete restantes continúan ayudando en el desarrollo evolutivo del hombre. A este hecho se le da una bella y simbólica interpretación en el pentagrama musical de cinco líneas y siete notas.




Las cinco líneas del pentagrama son indicativas de las cinco Jerarquías, los signos desde Aries a Leo, que han conseguido la liberación y pasado a las esferas cósmicas. Las siete notas son representativas de los signos desde Virgo a Piscis, las Jerarquías trabajando con nuestra ola de vida humana.



Pitágoras denominaba al ritmo como de potencia masculina y a la melodía como femenina en poder, justo como nosotros previamente hemos atribuido el ritmo al cuerpo físico y la melodía al alma.

Incluidos en un volumen conteniendo el Phoenomena, el famoso poema astrológico de Aratus – una traducción inglesa de la cual fue publicada en Oxford en 1672 –hay tres poemas griegos en el modo Phrygian perteneciente a los Misterios. Estos se entregaron al público por primera vez en Florencia en 1581 por el padre de Galileo. El más importante de los tres es el magnífico Himno a Apolo de Píndaro.

La mayoría de las tragedias griegas fueron escritas por Iniciados y contienen una clave para alguna fase de la Iniciación. Sófocles era nativo de Eleusis y en su temprana juventud llegó a ser un comunicador de los Misterios establecidos en este sagrado centro. La música jugaba un importante papel en la preparación de un candidato y en el ceremonial mismo.
En aquellos antiguos tiempos la poesía, la música y los Misterios eran inseparables. Las grandes tragedias, por ejemplo, presentaban varios aspectos de la sabiduría de Templo. Su realización era acompañada por siete coros describiendo, por medio del canto y la danza, los movimientos de las estrellas con que los elevados festivales estaban relacionados. En las palabras de Cicerón, la música era “La base de todas las ciencias y la educación de los niños era empezada por ella desde la persuasión que nada podría esperarse de un hombre ignorante de música”.




En los Templos griegos la música y la poesía estaban correlacionadas para propósitos místicos, cada línea poética siendo acompañada por su propia nota musical. Un fragmento del Himno a Apolo es un buen ejemplo de esto. Los ceremoniales de Apolo se ejecutaban al acompañamiento de una flauta. Fue el primero en combinar la eficacia curativa de la música y la poesía y así llegó a ser el curador y el Dios de la Medicina.

Su Templo más suntuosa era la enorme estructura oval erigida en Delos, donde cientos de músicos cada día cantaban sus alabanzas y demostraban el poder de la música para afectar las condiciones atmosféricas, el crecimiento de las plantas y el flujo de los ríos. Sobresalían entre estos músicos las sacerdotisas (monjas de la Orden de San Apolo de Delos).
Anfión quien erigió el primer Templo al griego Mercurio, fue investido por ese dios con poderes sobrehumanos relativos a ambas, la música y la masonería. Fue capaz de fortificar la ciudad de Tebas, para repeler la invasión, y desterrar todas las influencias destructivas con los mágicos poderes de su lira.



La proeza musical de Orfeo era variada. Primero fue una especie de magia conocida como evocación de las crines (materialización de desencarnados) en Templos dedicados para este propósito. La extensión del tetra-acorde al hepta-acorde, la lira de siete cuerdas, es atribuida a Orfeo, cuyo descenso al infierno para rescatar a Eurídice, su esposa, describe el Sendero de Iniciación como observado en el más famoso de todos los Templos griegos, el Templo de Eleusis. Esta innovación fue sugerida por el hecho que había llegado el tiempo cuando, bajo la influencia del sistema planetario séptuplo, el proceso de despertar los siete centros en el cuerpo vital del hombre podía comenzar.

Por consiguiente las líneas del poeta:

La limitación del tetra-acorde despreciamos ahora.
La lira de siete cuerdas un sonido más noble proporciona.
La legendaria diosa, Minerva, a quien toda Grecia rendía tan sublime tributo, era el glorioso Arcángel que llegó a ser el espíritu guardián de la nación. Era esencial una pronunciada influencia femenina para el desarrollo de las artes hasta el grado que alcanzaron durante su Edad Dorada. A causa del predominio de Minerva, las mujeres destacaron en las artes como, quizás, en ninguna otra tierra. Safo fue una de las más exquisitas de todos los músicos-poetas.


Minerva

Safo


La invención de la medida lírica Sáfica se le atribuye a ella. Una de sus jóvenes discípulas era la extraordinariamente talentosa Corina, cuya temprana muerte privó al mundo de toda la fructificación de su espléndido genio. Mientras todavía se hallaba en la adolescencia, distinguidas personas venían de todas partes para rendir homenaje a sus habilidades y estudiar con ella. En los renombrados concursos de música y poesía, así universales en Grecia en esa época, Corina venció al célebre Píndaro no menos de cinco veces seguidas.
Homero escribió en su Himno a Apolo: “Por turnos las nueve delicias cantan”. Estas líneas se refieren a las nueve Musas tan importantes en las leyendas griegas como las nueve doncellas que protegían las artes y las ciencias. Para el Sabio ellas simbolizaban los nueve pasos de los Misterios. El estudio de las artes y las ciencias era parte del régimen iniciático de la época, y las Musas eran representativas de los Seres celestiales que resguardaban los Misterios Menores.
Para los griegos la música tenía un propósito triple: promover la civilización y humanizar al hombre; excitar o reprimir las pasiones; servir como agente curativo. Plutarco dijo que la suprema función de la música era alabar a los dioses y educar a la juventud. El agregó que en los ceremoniales religiosos de los griegos “cantaban himnos a los Dioses y salmos en alabanza de los grandes hombres de Bien”.
Cada nota de música griega tiene un carácter emocional y moral distinto.

A continuación, las siete claves o modos principales:

1.- Mixo-Lydian Lastimoso, trágico; inventado por Safo
2.- Lydian De tono bajo, entregado a la satisfacción de los propios deseos, música fúnebre; el Orestes de Eurípides está hecho en esta clave. El fragmento más antiguo de música griega existente es el Lydian.
3.- Phrygian templanza
4.- Dorian Coraje, dignidad, grandeza. En el modo Dorian están los Himnos a Dionisios, Apolo y Callippe.
5.- Hypo-Lydian Hipo significa que una clave es más baja por un cuarto que la clave original a la que está unida.
6.- Hypo-Dorian Hospitalario, caballeroso; se aproxima al modo Menor moderno.
7.- Hypo-Phrygian Este se aproxima más estrechamente al modo Mayor moderno; el Himno a Némesis está en el modo Hypo Phrygian.

En una época posterior se agregó el hiper para designar al cuarto más elevado (sub-dominate). Gradualmente esta música fue extendida a la idea de una clave por cada semi-tono en la octava. Así fue formulado el sistema de trece claves.

Se notará que, desde el punto de vista del poder oculto de la música como empleado en los Misterios para ayudar en la regeneración e iluminación del neófito, los modos Phrygian y Dorian eran los más importantes en entrenamiento y dirección. La preferencia expresada de Platón era el Dorian. En su República ideal sólo habría permitido estos dos modos. La flauta era especialmente un instrumento Phrygian y como tal es a menudo mencionado por Aristóteles.

Las Iniciaciones de Música tuvieron su cupo en los grandes Juegos conocidos como las Panateneas, las Olimpiadas, los de Pitia y los de Karneia. Estos hermosos festivales artísticos fueron revividos en la época medieval en los concursos musicales de trovadores y Cantantes Maestros.
Principalmente, tales fiestas musicales no tenían que ver con el amor y pasión personal, sino con las elevadas y santas cosas del espíritu.

Los griegos consideraban las proezas físicas como de suma importancia aún en las competencias musicales y poéticas ya que se decía que sólo los cuerpos perfectos merecían ser llevados a la presencia de los dioses por aquellos quienes iban a recibir los místicos ritos.


 La música iniciática se escuchaba sólo en los ritos del Templo porque contenía los ritmos vibratorios de otros mundos y de una vida más allá de la mortal. La más sublime de toda la música está apropiadamente descrita así: “Parecía como si continuase por siempre, no tenía fin sólo la pausa en una divina expectación”.


lunes, 7 de noviembre de 2011

El sentimiento del tacto

Cuando estudié en la Escuela de Arte lo que más me gustaba era modelar. Me encantaba deslizar mis manos por el barro y darle forma; formas que a veces obedecían a un modelo elegido por el profesor o, en otras ocasiones, a modelos propios de nuestra imaginación: "trabajo libre", así es como lo llamábamos cuando los modelos eran propios de nuestra imaginación.

Casi nunca el trabajo libre terminaba como lo había imaginado, raramente se parecía al boceto inicial que dibujaba en un papel como patrón de referencia y precisamente por eso, era libre, porque para mí él también tenía su razón de ser, aunque parezca de "pillados"  necesitaba escuchar y sentir con mis dedos por dónde se aposentaba mejor el barro, por qué altura y anchura y consistencia se sentía más cómodo, de esta forma se iban aglutinando mis ideas "con" las del barro para terminar formando ese trabajo libre, en una sola pieza.

A parte de modelar la arcilla otra de mis clases favoritas era la de dibujo artístico, en especial disfrutaba pintando con pasteles. Trabajar el pastel es muy parecido a la técnica del carboncillo; los pasteles son como unas barritas de tiza que se trabajan con los dedos, los difuminos y una goma de pan, en esta técnica los dedos hacen directamente la función del pincel e incluso la del difumino. Esta particularidad de proximidad, roce e implicación directa con el papel me hacía disfrutar las texturas de los pigmentos y me parecía divertido sacar los contrastes de luz y sombras a partir del tacto y el color. Es una sensación mágica porque el resultado es parte de ti, de tus gestos, de tu tacto, de todas las caricias y sutilezas digitales que has dejado en el papel.

Todo esto os lo cuento porque hace poco descubrí a una artista completamente desconocida para mí que me cautivó por su técnica, por sus sentimientos y por su rapidez mental y originalidad utilizando el tacto y algo tan manejable como la arena. Su creatividad es efímera, cada segundo de tiempo cuenta algo a la vez que ese algo muere para plasmar otra escena. Pinta encima de una mesa de cristal y nada queda pero todo pasa, y tal vez eso es lo maravilloso de su talento que hace con sus dedos dibujo, literatura y poesía mientras el observador capta la sencillez de lo efímero. Hoy nos relata como una pareja es separada por la guerra, una historia que pudo ser la historia de cualquier pareja de su país durante la 2ª Guerra Mundial...ella es Kseniya Simonova. Si os parece, os recomiendo ver y escuchar su relato con los altavoces encendidos.


martes, 1 de noviembre de 2011

Il Vento

Se va,
todo se va.
No lo podemos frenar.
Todo lo que se va,
tiene que irse.



Las imágenes han dado la vuelta al mundo. Hace unos días Marco Simoncelli perdió la vida en la carrera de Sepang en Malasia.
Mis retinas se quedaron congeladas en la curva número once del circuito, presenciando una absurda caída que le costaría la vida....en ese fatídico instante, un escalofrío recorrió mis piernas de arriba a abajo y una sensación pétrea se instaló en mi cuerpo durante varios minutos, me quedé literalmente "pillada" en esa curva, de hecho creo que todavía no he salido de ella. Día sí y día también esas imágenes regresan a mi mente en cualquier instante del día y es que,  pasarán días, antes no me quite de la cabeza a Simoncelli y a su familia.

Su juventud y sus ganas de vivir fueron motivos totalmente estériles en ese último segundo en que todo terminó para  Supersic.

Hace tiempo que he aceptado la apariencia de la muerte,  lo que no logro superar es ese último segundo, brutal, irreversible y titánico que nos llena de impotencia, una impotencia teñida de rabia y de dolor...ese último segundo que sentencia que nada importa nada y menos, todo lo que hayas hecho o hayas dejado de hacer para vivir. En un segundo, todo lo que has aprendido y todo lo que te queda por aprender, todo lo que amas, todo lo que has sudado, luchado, batallado y celebrado, llorado, codiciado o soñado...todo, absolutamente todo...se va!, ya puedes ser un ángel o no lucir una alas angelicales, a ella, a la vida,  no le supone nada lo bueno o lo malo que hayas sido, ni el bien que hayas hecho,la vida es sensiblemente imparcial en el último segundo.

No, no es la muerte lo que a mí me destroza el alma, a mí lo que me mete en un agujero negro por unos días es pensar en toda la vida que se ha quedado en esa curva...su sonrisa, sus ganas de comerse el mundo, sus amigos, su novia, sus padres, su familia...y hay tantas y tantas curvas y rectas...ramos de flores que nos cruzamos colgados en un poste, flores frescas que nunca se marchitan, que gritan con su frescura viva el dolor de una ausencia inolvidable, esas vidas rotas que no vemos romperse pero que ahí dejan familias huérfanas, padres muertos en vida...amigos con el  alma fracturada para siempre como dijo la madre de Valentino Rossi.

No, cuando pienso en la muerte ya no pienso en el claustofóbico ataúd,  ni en la mesa fría del forense,  no pienso en las estatuas aladas ni en los cipreses que llenan de paz e intimidad un cementerio...yo ya no le tengo miedo a la estética pacífica de la muerte ni a su antiestética intimidad, a mí lo que me da fobia, pánico, terror, miedo e impotencia supina es lo drástica que llega a ser la vida, lo tajante y prepotente que llega a ser con todos nosotros cuando decide que se terminó, en un segundo de arrebato letal, porque sí...

Con su pelo revuelto que le daba el carácter de un león arriesgado y valiente, un metro ochenta y dos centímetros de estatura, setenta y seis kilos, veinticuatro años y una sonrisa que la vida le quitó con la misma imparcialidad con la que se la dibujó. Nos dejó. Se fue.



Tremendo ciao, SUPERSIC...