domingo, 30 de enero de 2011

De la cuna al mar


A primera hora de la tarde de un miércoles deliciosamente primaveral, mi madre estaba inmersa en una apacible siesta cuando de repente, dándome yo por gestada la desperté alegremente; enseguida supo que me personificaba de forma inminente. Tuvo el tiempo justo de telefonear a mi padre y de alcanzar la clínica en taxi. Por suerte vivíamos a cuatro manzanas de la clínica. La comadrona, que era la misma que asistió a mi madre en el parto de mi hermana mayor no daba crédito de mi urgencia por conocerla. 

Jamás entenderé como me pude presentar de una forma tan indiscreta a este mundo. Mi madre que siempre ha sido muy sufrida, no alarmó a mi padre cuando lo llamó al despacho y él, convencido de que tardaría en nacer otras doce horas como su primera hija, se detuvo a buscar a mis abuelos; cuando llegaron, el turrón,  ya estaba servido y las presentaciones fueron inmortalizadas.

Mi abuelo gran aficionado a hacer películas, grabó todas las etapas de nuestra vida. Y ahí estoy yo de bebé sin soltar teta, y mis primeros pasos, mi primer pastel, mis primeros Reyes, mis primeros bautizos...sí, así en plural, porque fueron dos bautizos en realidad. El primero fue como Dios manda: sacramental, además mi abuelo fue mi padrino y él mismo me nombró; de no haber sido así según mi madre ahora tendría nombre de flor, esa flor que sus pétalos han resuelto alguna duda amorosa como un juego de azar.  

Él y yo siempre tuvimos un magnetismo muy especial, tal vez  lo sintió en aquel instante en el que supo lo decidida que vine a este mundo. Una parte de su esencia se quedó amalgamada a mi ser y  el eco de sus palabras, -de aliento y de sosiego- regresan a mi mente en los momentos más tristes inconscientemente. Lo recuerdo mucho. Su enfermedad marcó mi adolescencia e hizo de nuestra relación un universo único fuera del tiempo, de la tierra y del cielo. El tiempo para él desde que cayó sentado para siempre jamás se detuvo, y los minutos, perdieron toda la existencialidad, la tierra era para los que se podían mover, y el cielo, para los que deseaban morir. 


Ojalá pudiera volver a sentir un abrazo suyo o su penetrable mirada sujetándome en los abruptos pasajes de la vida; y su olor!, su olor era lo que más me gustaba sentir de él cuando estábamos  en silencio. Era fácil que los domingos a primera hora de la mañana lo afeitara a brocha y a cuchilla tras los grandes ventanales del salón, mientras él  paralíticamente sentado en su butaca deseaba que terminara cuanto antes para que me sentara en sus rodillas y dejara mi cabeza acurrucada en su hombro. En esa postura, con mis dedos repasaba la piel finísima de su tez buscando la perfección o impefección del afeitado y él, mientras, me preguntaba cómo me había ido la semana en el instituto.  Su enfermedad era tan triste que lo hacía llorar cuando le decía que estaba sacando buenas notas, y aunque casi no podía apretaba la mandíbula convirtiendo el gesto en un pulso para contener las lágrimas. 


Nuestro diálogo siempre fue sumamente respetuoso, en realidad echo mucho de menos ese tono tan especial y único, y es que la gente hoy, ya no se habla así; recuerdo por ejemplo que jamás nos levantábamos de la mesa sin pedir permiso...esos gestos que han caído tan en desuso en realidad eran muestras de respeto pero también de una inmensa ternura, creo que pocos comprendieron ese sentido, la importancia de estar todos reunidos en la mesa con la tele apagada y hablando, ese momento del día en el que la familia coincide y tiene el placer de compartir los asuntos profesionales, escolares, o personales....era tierno el gesto de excusarse, era como lamentar dejar ese instante para acudir a otras tareas. Hoy sucede todo lo contrario, se escucha el telediario como si las vidas ajenas y los sucesos mundiales fueran más importantes que los de la propia familia y cuando los niños se levantan dejando el plato a medias, algunos no se dan ni cuenta de que la silla ha quedado vacía. Tempus fugit...es irrecuperable.


Hacían una gran pareja él y mi abuela, me gustaría volver a verlos pasear  al lado del mar, en aquellas playas que nos han visto crecer con ellos; nacer con ellos... por eso mi segundo bautizo tuvo tanto que ver con él también.

Un día soleado de julio, apenas tenía yo dos meses,  me cogió en brazos y me sumergió completamente en el mar mediterráneo; mi primera apnea de salitre, desde entonces mi vida ha regresado año tras año a esa playa, a sus gentes y a ese mar....


Crecí en los mares del pintoresco Cadaqués; los descubrí navegando, de milla a nudo, palmo a palmo, cuerpo a cuerpo, de la Tramuntana a la calma, del cobalto al turquesa...lunas tuneando noches plateadas, de niña a mujer, de la Sardana al ron cremat, del Carnaval a San Juan, del Santo a las doce campanadas, uva a uva, beso!, mi primer beso y luego....beso a beso, del surrealismo al pincel, del pincel al sueño, del sueño a mi vida, que fue su sueño hecho realidad.

Hoy escribo después de mi tercer bautizo, como ya no está lo haré sin él; es agosto, y estoy en una playa de aguas turquesas. Me acabo de separar de mi marido, del amor de mi vida, al que por algún motivo dejé de amar pero no de querer, lo querré toda mi vida, él lo sabe y  yo lo sé, es recíproco, pero como decía  ya no es con quien quiero acostarme ni amanecer, quiero dormir sola, muchas, muchas lunas, y sentirme libre como ahora, nada me ata, nada me oprime, nada se me cuestiona, como, cuando tengo hambre y duermo, cuando el sueño me vence, como decía Sabina "yo no quiero un amor de invernadero, con recibos y escena de un sofá..." qué gran canción para ahora, para hoy, para éstos momentos...supongo que se me pasará semejante derroche de libertad cuando empiece a sentir que estoy sola, pero no sé....estar sola es algo muy necesario y vital para mí, ahora mismo.


Como decía, el mar me llama de una forma sensual, excitante e ingrávica, me he levantado decidida como el día que nací  y hoy voy a bajar, -así lo precisa mi tercer bautizo-  con oxígeno embotellado. 

Mientras bajaba siguiendo la cuerda del ancla sentí un miedo ineludible por momentos, no me hacía ninguna gracia depender del oxígeno ni de las atmósferas, pero poco a poco supe dominar mi mente y aplacar el miedo en las frías aguas y apenas recordé las morenas y los pulpos gigantes cuando me dejé seducir por las estrellas de mar, los corales, las bandadas de peces asutadizos y la flora maravillosa de los fondos; me fijé en el sugerente movimiento de un pez y para acompasar mi cuerpo hacia un punto total de relajamiento repetí su gesto ondulante lentamente impulsando la cintura y juntando las piernas como la cola del pez. 


Gocé al mirar hacia arriba, en ese momento en el que aún podía ver como los rayos del sol penetraban celestialmente la superficie,  sentía mi respiración, cada vez más resignada, más adecuada. Solté la mano del experto, le levanté mi pulgar para tranquilizarlo y flipé....sí flipé aunque no perdí de vista mi sonajero, de la emoción lo hubiese fundido a diestro y siniestro. No podía gritar y necesitaba gritar....Yuuuujuuu!!!! qué sensualidad más brutal!!!, de repente mis piernas parecían cubrirse de escatas, y floté ingrávicamente del derecho y del revés...........onduleante y volteante, desde los pies hasta los hombros, bailé en aquellos fondos sintiendo la presión de los dedos del mar en mi piel, recordándome con su tacto mi existencial vulnerabilidad. 


Grutas y cuevas submarinas creando un mundo donde el silencio es casi total. Ya no es, únicamente sentir la ingravidez es sentir que el movimiento no tiene sonido, la vida es sorda, limitadamente es una realidad que desestresa, pero a la larga sería una crueldad.

Aunque fue absolutamente maravilloso creo que no lo volveré a repetir, siento tanta pasión por el mar como respeto, y en el fondo algo me dice que no debo volver a bajar. Es genial la sensación pero a la vez imponente. Sé que a él le hubiera gustado bailar conmigo allí en el fondo predilecto y tal vez sucedió, porque como ya he dicho su ser está mezclado con el mío. 


lunes, 24 de enero de 2011

Una mañana de agosto...



Amanecía dentro del bosque. Hacia pocas horas que acababa de llover y un velo de neblina desnudaba lentamente las copas de los árboles. Los aromas de la naturaleza subyugaban el ambiente con el frescor de la hierba, con la intensa fragancia del pino, de la encina, de la tierra mojada. Fui a caballo por un sendero que conduce a un bello y serpenteante riachuelo divinizado por una cascada. Cuenta una leyenda que las hadas habitan detrás de la cola de la cascada, en una pequeña gruta que se abre entre las grandes piedras desgastadas por las caricias del agua. Aunque yo jamás las he oído cantar, alguno hay en el pueblo que asegura oír sus dulces melodías en las noches de luna llena.



Auditivamente, agudicé todo lo que pude, pero allí lo único que interrumpía el silencio era el relajante sonido del agua patinando musicalmente entre las piedras que dividen las dos orillas y el alborotado revuelo de unos párvulos pajarillos que agitaban los nidos con un brío casi puberil, reclamando el primer sustento del nuevo día. Una ardilla se hizo ver; cruzó el río graciosa y presumida, saltando de una piedra a otra, iba tan apresurada que parecía que perdía el tren, por un momento pensé que se había puesto zapatitos de salón y que iba al ritmo de un tango pasión, tenía todo el gesto de seguir a Gardel.





Desde que era una niña no me había bañado bajo la cascada; el agua estaba fresca y limpia, podía ver el fondo con total transparencia. La naturaleza es perfecta y al disfrutarla tan íntimamente, una tiene la sensación de rozar casi lo divino. El alma resucita y con ella, el apetito.

Algunos demiurgios aseguraron que poseemos un alma apetitiva en el abdomen, otra pasional en el tórax, y una racional en la cabeza. Con lo complicado que sigue siendo para la ciencia identificar una sola...y los platónicos ya lo tenían tan claro! Tomás de Aquino era más práctico: "somos cuerpo completamente y a la vez somos alma completamente". Cuerpo y alma. Es el alma la que tiene el ser en primer lugar y, el cuerpo, lo que está encaminado a ella; es el alma quien exige disposición de la materia.


domingo, 23 de enero de 2011

Una mujer del siglo XX

En una ocasión a  Don Camilo José Cela se le escuchó decir: "Hay dos clases de hombres: quienes hacen la historia y quienes la padecen"

Tengo la certeza de que el término "hombres" tiene aquí un significado de géneros generalizados en el que, el género femenino, no está para nada excluido. Recordando sus sabias palabras y sin un finito que humedezca las mías, me viene a la mente María Moliner: una mujer que hizo historia.





En este archivo se recuerda la que tal vez fuera su labor más grande y hermosa, pero lo cierto es que María Moliner continuó alzando un interesante legado para nuestra cultura durante la época de la dictadura.
Elaboró un Diccionario que tardó quince años en escribir a partir de decenas de miles de fichas que, cuidadosamente iba seleccionando; las elaboraba con la lengua viva reflejada en los periódicos, con la guía de los mejores diccionarios españoles y con la orientación del británico Learning dictionary. Su estupenda y valiosa labor quedó impresa en dos tomos con tres mil páginas que se publicaron por primera vez en el año 1967.

Gabriel García Márquez, gran admirador de la muchacha del jersey verde, alabó su diccionario hasta el punto de pronunciar éstas palabras cuando un periodista le inquirió por el Moliner: "Es casi dos veces más largo que el de la Real Academia y para mi gusto más de dos veces mejor".

Y María añadió en su momento: "Desde luego es una cosa indicada que un filósofo entre en la Academia y yo ya me echo fuera, pero si ese Diccionario lo hubiera escrito un hombre, diría: ¡Pero y ese hombre, cómo no está en la Academia!". Sus palabras me hacen reflexionar en el verdadero sentido y valor de las cosas, porque el incierto destino no es  indulgente y sacude, sacude y lo hace a veces, con gran ironía, su destino (Alzheimer), se lo arrebató sin miramientos; lentamente le fue borrando todas esas palabras con sus descripciones, y por otra parte, es asombroso como a veces se puede tener una avanzada visión de los acontecimientos que están todavía por suceder, me refiero a su  "y yo ya me echo fuera" que ahora también se podría leer como parte de esa ironía del destino; aunque en realidad, y por no quitarle mérito fue su personal y  elegante forma, (la única que pudo permitirse) de zarandear a los machistas que la dejaron sin asiento en la Academia. 

Quiero recordar a Don Rafael Lapesa y a Don Dámaso Alonso, con especial cariño, ya que fueron los únicos que se atrevieron a proponerla en el año 1972,  para que ocupara un reconocido sitio en la Academia.


Nuestra historia está repleta de grandes mujeres que entretejían nuestro futuro dentro de un marco social, político y apolítico (dictadura),  absolutamente distinto al nuestro. Me sensibiliza que hoy seamos mujeres que nos sentemos en la Academia, que ya no sólo hayamos conseguido ser Directoras de un Departamento de Cultura, sino que además seamos Ministras, Diputadas y Alcaldesas...que hayamos subido en cohete a luna y dejado allí nuestros tacones, que encumbremos el Everest y que nos acostemos con un Goya; pero, independientemente de todos éstos  maravillosos logros, tengo la triste sensación de que muchas de ellas, han quedado y van quedando en el olvido, aún habiendo dejado una huella indeleble en nuestra cultura, en nuestra historia, no se las recuerda con suficiente relevancia y exaltación. Hemos pasado del blanco y negro al color, dejando muy atrás la intensidad y la constancia que esas mujeres invirtieron para salir en la foto.


Gabriel García Márquez, apuntó en el País del 10 de febrero de 1981, pág. 9; " María Moliner, la mujer que escribió un diccionario". Su gran admirador no pudo olvidarla y con este agudo lance de fondo siguió rompiendo lanzas a favor de una mujer que jamás llegó a conocer personalmente. 

María Moliner tuvo cuatro hijos, dos de ellos ya fallecidos. Es un orgullo para mí recordarla y tenerla cerca de mi butaca de lectura; su gran ilusión sigue llegando a nuestras casas, mis ojos se siguen abriendo para llenarse de eso tan bonito que nos dejó: la Cultura. 

lunes, 17 de enero de 2011

Buenas Noches...



Hay lugares en los que siempre es agradable regresar; con la luz ya apagada, mentalmente y con los ojos cerrados, abandonando el cuerpo en el descanso aflojado, o con los ojos abiertos, acurrucados en la oscuridad flotante que crean  las bellas formas del silencio.

Buenas noches, felices sueños.

miércoles, 12 de enero de 2011

Siempre es todo ojos.

Portrait of Pablo Picasso de Pablo Picasso



Supongo que no es difícil reconocerle. Pablo Picasso.

Pintor: figurativista, cubista, clasicista y expresionista. Fue perfilando los estilos y las distintas corrientes a través de su tiempo. En su periodo azul, es el pintor del sentimiento patético; en él nos dibuja cuerpos abatidos por el  sufrimiento, por el cansancio, por el dolor o  la pena, imbuidos por el hambre, por una dependencia, por la miseria o por  la desazón y la soledad. No hay una belleza preciosista en sus obras azules porque no persigue captar la estética de la belleza física, natural ni paisajística. Ni obra muerta ni retratada. Lo que atrapa de sus lienzos azules, es otra belleza, y es vida también, tal vez esa parte viva que en más de una ocasión nos hace enmudecer por encima de cualquier rostro o cuerpo bello.
Picasso plasma el sentimiento, el  estado de ánimo, lo que naufraga de un cuerpo, lo que fluye bajo sus pieles y va más allá de los huesos, lo que late, lo que se corroe, lo que se conmueve y exalta, lo que vibra, lo que se quiebra y se corrompe; a veces, cabezas vencidas, otras, miradas aparentemente vacías y  tristes.

Como un poeta que ha cambiado el verso de la pluma por la caricia del pincel va desnudando verdades, sentimientos, personalidades y ahí va, personalísimo, fiel a la hipérbole del mas noble poeta, a sacarles  un punto y aparte de dignidad a todos ellos, a los rostros vencidos que viven y que por tanto mantienen una diginidad,  y siempre dentro de un contexto social e histórico, real como la vida misma. Así pues, cuando contemplamos una obra suya, ya sea de su periodo azul inicial o de su periodo rosa, y traspasando todas sus corrientes y estilos,  nuestra mirada debe dirigirse a la historia, a ese contexto, pues aunque se derramaron sus óleos por las aguas del surrealismo apenas se amalgamaron de sueños imaginables o inimaginables, lo que transfiere es lo que veía, lo que había,  con el único filtro y desde la óptica del expresionismo y del cubismo.  No hay más don en sus pinceles que la de plasmar vidas que han pasado por nuestra historia, por nuestros tiempos, de puntillas, de refilón, en el silencio del anonimato, traídas al mundo a través de sus ojos aglutinantes.




Unos ojos que, su amigo Alberti, definió muchísimo mejor que yo:

Siempre es todo ojos. No te quita los ojos. 
Se come las palabras con los ojos.
Es el siete ojos.
Es el cien mil ojos en dos ojos.
El gran mirón como un botón marrón y otro botón.
El ojo de la cerradura por el que se ve la pintura.
El que te abre bien los ojos 
cuando te muerde con los ojos.
El ojo de la aguja
que sólo ensarta cuando dibuja.
El que te clava con los ojos
en un abrir y cerrar de ojos.
El ojo avizor, agresor, abrasador, inquisidor.
El ojo amor.
El ojo en vela,centinela,espuela,candela,
el que se rebela y revela.
No cierra los ojos.
No baja los ojos. 
Te quita los ojos.
Te arranca los ojos y te deja manco o te deja cojo.
Luego te compone o te descompone,
la nariz te quita, luego te la pone,
después te la quita o te pone dos.
Ojo que te espeta,
que te desjarreta, 
te agranda las tetas,
te achica las tetas, 
te hace la puñeta, 
te levanta el culo, 
te deja sin culo, 
te vuelve un alambre, 
te ensarta en estambre, 
te ve del revés, 
todo dividido, tundido, partido, cosido, raído, zurzido, fluido.
Ojos animales, letales, mortales, umbilicales.
Ojos cataclismo, temblor, terremoto, maremoto, abismo, flor.
Ojos toro azul, 
ojos negro toro,
ojos toro rojo.
Ojos.
Son el con y el sin, 
son el sin y el con.
Con esto y sin esto, 
traspuestos,
opuestos, 
crueles, 
molestos,
el sumo y el resto.
El mundo tranquilo pendía de un hilo.
Y el desbarajuste de la gran baraja cortó con su filo su pincel navaja.
Salta el mundo, vuela.
Hecho añicos canta, relincha, arde en vela, se espanta.
¡Afuera esos ojos!
¡Quítenme esos ojos!
¿Quién trajo esos ojos?
Yo quiero ser flor. 
Pero soy un pez.
Yo quiero ser pez.
 Pero soy manzana.
Quiero ser sirena. 
Pero soy un gallo.
Quiero ser la noche
 y soy la mañana.
Mátenme esos ojos,
virojos, pintojos,
ojos trampantojos.
Aquí la matanza, 
aquí la esperanza, 
el fusilamiento, 
el derrumbamiento,
 la paz,
 la bonanza.
Ojo, que remonto plato.
Ojo, que salto hecho jarra.
Ojo, que giro paloma.
Ojo, que remonto cabra.
Vivan esos ojos.
Luz para esos ojos.
Líneas y colores
para esos dos ojos.
Todo el amor para esos ojos.
El cielo entero para esos ojos.
El mar entero para esos ojos.
La tierra entera para esos ojos.
La eternidad para esos ojos.

viernes, 7 de enero de 2011

Reyes, paracetamol y... electricidad!!

La tarde de Reyes me encontraba destemplada, con fiebre y con la sensación de tener más huesos de los que preciso para moverme. En mitad de una  lectura bastante densa y algo repetitiva por falta de concentración, recordé algo que solía decirme mi abuelo, decía: "la cama se come a los enfermos", y en gran parte pude comprobar que tenía toda la razón. Efectivamente se refería a que no has de acomodar mucho el cuerpo y por ende la enfermedad porque el ánimo se suele postrar en ese sutil abandono, y es que estar enfermo, es sentir ante todo, un gran desánimo; recordar sus palabras junto a la efervescencia de un alimonado paracetamol  me animó a saltar de la cama y a sumergirme en un baño caliente con bahos de eucalipto, puse un poquito de música que siempre anima y me autosugestioné muchísimo para que la cama no se me engullera; cuando me di cuenta, mi ánimo había recobrado un lugar junto al de mi pequeño e impresionable sobrino.

Jack, tiene exactamente un año y medio y es uno de mis motores, es un gran fuera borda, pura vida, pura energía, luz, color, espontaneidad, y matiz, el matiz de su mirada de su sonrisa de su cariño cuando busca mis brazos o me tira de las faldas para salir a la calle. La Cabalgata que solemos ver, es pequeñita pero majestuosa, y casi  todo sucede en media hora: la lluvia de caramelos, los farolillos de papel iluminando las calles y  la plaza mayor...reconozco que me encanta cuando no vienen motorizados, pero eso es algo que solo he podido ver una vez en toda mi vida, verlos encima de sus camellos y los pajes iluminando las calles con antorchas debe de ser algo carísimo...

Jack sujetaba con fuerza la carta caligrafiada por su madre y apenas se la quería dar a su rey: "ha-ha", le decía con tono juguetón cuando se la quería coger...no tardó en ceder al gesto urgente pero sereno de su madre. Y allí los despedía yo con la satisfacción de haber compartido ese instante de sus vidas.

La mañana de Reyes ha sido estimulante y divertida y, como no podía ser de otra forma: infantil, pero total!! Pablo y yo monopolizamos uno de los juegos de sus hijos, no tardaron en sumarse nuestras parejas y por una vez, me alegré de tocar la guitarra eléctrica, eléctricamente....