lunes, 25 de abril de 2011

Un poeta del realismo








 Lejos de las pinceladas vibrantes de los fabulosos impresionistas del siglo veinte, Bouguerau se mostró perseverante y obcecado con su técnica académica para transmitir su concepto de belleza perfecta. Su principal anhelo fue pintar lo que el ojo humano capta hasta el último detalle más ínfimo; en sus cuadros, por más que corrijamos dioptrías no encontraremos trazos de ninguna pincelada, su fidelidad  por el realismo fue tan nítido que se pasaba días completamente entregado al  trabajo meticuloso que requiere pintar una escena de alta definición encima de un lienzo en blanco sin dejar rastro del pincel, y además él lo hacía con alegría, trabajaba con afán entusiasta. Los modernistas tacharon su obra de sentimentalista e idealista, no acabaron de encontrar suficiente honestidad en sus preciosistas pinceles, para ellos el concepto de la realidad quedaba enmascarado por la belleza que él perseguía, alcanzaba y luego perpetraba de sus musas y madonas.
Para captar el valor artístico de su obra apenas es necesario explicar nada, basta con deleitarse en su romántica percepción de las figuras y en detenernos unos instantes a contemplar la expresión de las caras de las niñas, de las jóvenes, de sus modelos mitológicos, y observar el gesto que delata el siguiente movimiento, de una mano, de un pie, para luego ir más allá y adentrarnos en sus almas, en sus deseos, en sus temores, en sus apetitos. 
Ninguna de ellas reposa sus pies en la tierra, la de la derecha es una estrella fugaz, la de la izquierda el crepúsculo.  
A la izquierda el nacimiento de Venus, la diosa de la belleza rodeada de tritones y nereidas, naciendo del mar. Los cuadros de contenido mitológico eran apuesta segura en el salón de París. A la derecha cuatro ninfas se burlan y juegan con un sátiro, tratando de tirarlo a un lago. Las ninfas tienen el deber de proteger los distintos elementos de la naturaleza tales como ríos, montañas y praderas. La contraparte masculina de una ninfa es un sátiro. Un sátiro es una criatura de la mitología griega suelen tener el torso y la cara de un hombre, las orejas y la cola de un caballo, y los pies de una cabra. Son conocidos por ser criaturas lujuriosas y fértiles. Bouguereau captura una increíble sensación de movimiento en esta pieza. Uno puede sentir la lucha por el sátiro para mantener su terreno, y la lucha de las ninfas que alegremente tiran de él. La representación tridimensional de la forma y el movimiento es una reminiscencia de algunas de las obras más famosas de Bernini que podemos ver en el Palacio Borghese de Roma, tales como Plutón y Prosperpine, o Apolo y Dafne.
 Sus seres alados,  en el centro inferior Psique y Cupido.
 Sus vírgenes.
 Sus bañistas.



La piel, el pelo, los ojos, la oreja, las cejas, el lazo de raso...seguro que es un retrato del XIX o es Gabrielle Cuna que nos está mirando desde su facebook?

2 comentarios:

ONDA dijo...

Un verdadero descubrimiento para mí.
No se si tendré algún cuadro en Madrid para poderlo ver pero desde luego que lo que se ve es digno de admirar...

Gemma dijo...

Si logras ver alguno en Madrid, avísame :D