lunes, 20 de junio de 2011

Banderillera.

Mis padres hace unos meses se mudaron de casa. Con el traslado empaquetaron un montón de cosas de cuando éramos pequeñas. Esta mañana fuí al trastero para buscar un cuadro y me enredé a mirar una de las cajas. Encontré una libreta de cuando yo cursaba sexto de EGB. En una de las hojas cuadriculadas había una redacción enganchada con un clip. Reconocí inmediatamente su letra aunque no logro recordar por qué la guardé yo, y no ella.

Si ahora estuviera la llamaría por teléfono y se la leería entera, pero, por qué escribiría una redacción taurina? no recuerdo haber hablado nunca con ella de toros  y eso que hablábamos de animales; le encantaban los animales. No habían perros abandonados en su horizonte ni hormigueros destruidos por las ruedas de su bicicleta, recuerdo que me los hacía esquivar todos. Ir a la montaña con ella era como entrar en un mundo aparte. Una vez estábamos haciendo esquí de fondo y se encontró un ciervo en el paisaje nevado, tengo fotos de aquello, del ciervo no, de ella...pero en su ausencia, mejor no lo cuento.

Nos conocimos antes de tener conciencia. Nuestras madres eran nuestras tías respectivamente. Compartimos 25 años llenos de  risas, de exámenes, de secretos, de temores y amores, faldas y pintalabios, canciones, el primer cigarrillo a escondidas, la primera peli erótica completamente ruborizadas..., el mar, muchísimos días de  mar y castillos de arena, el primer patinete, la primera bicicleta, la primera moto....y después, mucho después aquélla sensación tan vibrante y emocionante de pirarte lejos de casa recién estrenado el carnet de conducir tras la mayoría de edad... habíamos pasado tanto frío en las motos que la calefacción del coche la amortizamos el primer día. No he visto una mente como la suya....podían ser tranquilamente las once de la noche y oírla decir después de haber cenado "tengo antojo". Y el antojo fácilmente pordía tratarse de tener que ir a la otra punta de la ciudad a un bar que todavía sigue en pie y donde hacían y hacen las mejores banderillas de pepinillos con boquerones en vinagre. Y allí la menda y ella, a las once y media de la noche, perfectamente sentadas y ya cenadas, degustábamos los pepinillos con boquerones mientras repasábamos apuntes, temas íntimos y variopintos. Alguna vez he vuelto pero ya no es lo mismo, sus banderillas se quedan siempre en la bandejita.

Redacción. Una corrida de toros. (La transcribo íntegramente tal cual)

Eran aproximadamente las cinco y media de la tarde cuando me encontraba en un taxi camino a la plaza de toros. La corrida empezaba justo a las seis. Era la primera vez que iba a una corrida de toros. Cuando llegué estaban todas las entradas vendidas, extranjeros, polícias, gente por todas partes, aquello era una verdadera olla. El sol iluminaba la plaza de una forma muy brillante, hacía un día muy bonito. La gente se apelotonaba alrededor de la plaza y gritaban, que salga Manolo!!! Manolo era la estrella esperada, el mejor torero de Barcelona. La plaza era enorme y redonda. De repente sono una trompetilla o mejor una musiquilla que ambientó aquella tarde. Sonaba la trompeta, las castañuelas y algún otro instrumento. Salio el torero derecho y hecho, saludó al público y volvió a su sitio. La musica paro y el toro salio, era un toro muy  negro y robusto y tenía una cara muy feucha, con la pata derecha delantera fregaba el suelo y levanto un poco de polvo. Manolo el torero salio con la capa y dos vanderillas. El toro estaba muy animado pero el torero era muy bueno. Su traje de luces brillaba mucho bajo aquel sol. A Manolo le costaba mucho acertar, ya llevaria cuatro intentos y al fin salio el picador encima del caballo. El toro le clavo un cuerno al caballo, tuvo que salir de juego y entrar Manolo. Manolo hizo un pase muy bonito, una doble vuelta y finalmente el toro cayo al suelo con otra vanderilla clavada. El toro murio y se lo llevaron arrastrandole por toda la plaza. Manolo fue el vencedor de aquella corrida, se habia merecido la cola del toro.

Cursaba quinto de EGB cuando escribió esta redacción. No he podido evitar emocionarme mientras la transcribía y también me he reído porque la he visto, la he reconocido completamente, sus palabras, incluso su tono ha sido igual de sonoro y especialmente cariñoso...la he visto en medio de la "olla"...
Un día de octubre, se quitó la vida. Su novio se llamaba Manolo. Ahora esa coincidencia nos parecería divertida, ese torero que rondaba su imaginación a los once años ya le auguraba el nombre del que con los años sería su novio formal. Sin duda el mejor Manolo fue su torero, ese que brillaba dentro de su imaginación...

No logro recordar porqué la tengo yo, pero me alegro muchísimo de haberla encontrado, poder leerla, saber algo nuevo de ella.