jueves, 19 de enero de 2012

En-redados

Llovía a raudales encima de la autopista, los rayos agrietaban el cielo de lado a lado y tras el estruendo del trueno los segundos le confirmaban que se hallaba exactamente en el ojo de la tormenta. Conducía en tensión,  con la espalda rígida bajo la expectación que le provocaban los limpiaparabrisas vapuleando a todo trapo las densas cortinas de agua que ondulaban la visión de las lunas de su coche. A pesar de todo, en cada eléctrico estruendo percibía la compañía de millones de átomos que con gran omnipotencia escenificaban su callado dolor, un dolor que por fin fluía ante la humanidad con cada estallido del cielo.

Encendió la radio con el sin sabor de  no poder bajar  las ventanillas para fumarse un cigarrillo, como aquel idílico pitillo que se fumó estirada en una góndola conducida por un gondolero que entre susurros entonaba un  sole mio potencialmente perturbador, traspasaron Rialto, se colaron hasta la casa de Marco Polo y en la romántica neblina se quedó mitificada su última bajada por el gran Canal de Venecia. Quién le mandaría ciberenamorarse de un hombre que la engaña con otra virtualmente?...o era real? si se había enamorado de un ser platónico la traición no podía ser real, tenía que ser igual de platónica!! discutía la realidad cada día con  platón y platón hacía todo lo posible para cegarla de pasión y meterla en extraordinaria confusión, con el acierto del sabio hacía demasiado tiempo que no lograba enamorarse de un hombre real, los bits se colaron por la red y navegaron hasta desquiciar al realísimo Eros terrenal, le destruyó  todas las puntas de flecha, y por más que la perseguía en el mundo real, Platón ya la había conquistado primero en un inesperado, maravilloso e inolvidable ataque cibernético.  

Soltó el pedal del gas y con el mismo pie frenó todo lo que prudencialmente pudo para no duchar a los motoristas que, bajados de sus motos, esperaban a que la tormenta cesara bajo los contados puentes de hormigón que cruzaban la autopista...fue entonces cuando vio una mochila en el arcén y la silueta de un hombre joven estremecida por el frío, sin pensar detuvo el coche a unos cuantos metros del puente y de aquella mochila, miró por el retrovisor y el hombre se apresuró hacía el coche.

No pensaba hablar con aquel hombre que apresuradamente se dirigía hacia su coche sino era por mail...lo llevaría y punto. El individuo calado hasta los huesos abrió la puerta, se quitó el abrigo de lana y le dió la vuelta, se sentó y lo acomodó encima de sus piernas...fue entonces, en medio de un expectante silencio cuando sus miradas se llenaron de análisis intuitivo y de amabilidad forzada rozando el misterio.

Te llevo, pero no sé a dónde vas...

A la frontera sin falta y tú?

Yo me quedo a 170 kilómetros de la frontera...más o menos...
No le quitaba el ojo de encima sin soltar palabra...estaba completamente empapado de agua...
Arrancó de nuevo incorporándose a los imaginarios carriles desfigurados por el agua.
Cómo te llamas?
Jérome.
No tienes acento francés.
Mi madre es italiana.
Y una vez en la frontera te quedas en francia o vas a italia?
Estás casada?
Por qué me lo preguntas?
No llevas anillo...
Dudaba de si estaba intentando ligar o de si el tipo había hecho profesionalmente inventario...
Pretendes robarme?
Te doy miedo?
Un poco.
Por qué?
No lo sé, no preguntes, hoy me da miedo todo...
Pero has parado.
Sí, tal vez por eso...
Por qué? querías que un autoestopista te robara?
No, no tienes pinta de ladrón.
Y de que tengo pinta?
Pues así por encima...de asesino de duchas...
No se reía, ella tampoco...
Y qué pinta tienen los asesinos?
Depende de si son asesinos en serie, asesinos de poca monta, o mercenarios...
De poca monta?
Si los que sólo se cargan al cónyuge...
Pero cómo los distingues?
No los distingo, sólo leo.
Ya! novelas de intriga...
No, leo titulares, de la prensa nacional e internacional.

Una semana después su cuerpo apareció sin vida a seis kilómetros de la frontera al lado de una mochila.
El terrible hallazgo se hizo titular en los periódicos y cientos de mujeres sintieron miedo al mismo tiempo que   cientos de hombres sintieron horror, los cientos se sumaron y se convirtieron en miles de personas que decidieron encerrarse en sus casas...en su intimidad ideal en esa asepsia mágica que interfiere y dificulta el trabajo de Eros y se lo sirve en bandeja a Platón.

Las mujeres y los hombres ya no son auténticamente accesibles a los pecados carnales,  ahora sueñan que lamen y sueñan que besan, ahora son avatares de sirena que se enredan en la red para navegar en mares platónicos.