lunes, 6 de agosto de 2012

Bonnie and Clyde

Os acordáis de Clint Eastwod en Million Dollar Baby?



Tenía algo.

Tal vez la hostilidad sellada en su mirada de tantos golpes recibidos en el ring. Sí, eso tal vez  explicaría por qué hay hombres que no saben realmente quienes son hasta que el vaho de la ducha no empaña por completo sus rostros en el espejo porque realmente, hasta que esto no sucede, no dejan de autodestruir lo que hasta ahora veían reflejado. Ese interés por devaluar lo que uno es interiormente, puede delatar una hostilidad que termina siendo la protagonista de la desdicha que los envuelve. Hay algo intenso, muy intenso que tal vez uno tenga que admitir de sí mismo y en esa aceptación comienza el camino.

Hace algún tiempo  me crucé con una mujer que escondía el rostro tras unas gafas oscuras debajo de los fluorescentes del supermercado. Las gafas de sol, siempre he pensado que sirven para reconfortar la mirada bajo una luz excesivamente molesta, para ocultar unas ojeras después de una juerga intempestiva o para que nadie se cuele a través de tus ojos hasta el fondo de tu alma, así que en realidad fue su pose acongojada y asustadiza lo que me llamó la atención y el gesto repetitivo con el pelo intentando ocultar lo que sus gafas no lograron que me pasara totalmente desapercibido.

Ella me siguió y se acercó hasta que mi bolso se rozó con el suyo.

El moratón tenía mal aspecto y por el color parecía reciente, de un día o dos.

Intenté hallar un instante más cordial entre nosotras que lograra tranquilizarme a mí y a ella...
Has probado los tomatitos cherry abiertos por la mitad después de pasarlos por la paella y espolvorearlos por encima con queso parmesano?

No, me indicó con una leve sonrisa.

Estás bien? continué...

Pero entonces ella arrancó el paso hasta un lugar del colmado donde podía ver la calle tras las cristaleras, el hombre que ella miraba cada tres o cuatro pasos era un individuo que charlaba con alguien a través de su móvil, la intución me hizo retirar la mirada o fue el miedo o tal vez el malestar que me provocaba ver al tío que la atemorizaba cada día de su vida, quizás también la preocupación que me despertaba aquella mujer buscando mi cercanía sin esbozar apenas ningún sonido auditivamente tangible.

Y mientras me subsanaba el temple entonces de repente el individuo de la calle dejó de conversar por el móvil y con gesto marcial le señaló a ella su reloj de muñeca con cara de pocos amigos, un gesto que ella acató sin pausa.

Espera! quieres que nos tomemos un café un día de estos, vives cerca?

Sí me gustaría, pero no, no, mejor no.

Su voz era como un hilo de seda frágil y a pesar de su miedo y sus negativas sentí en su gesto la necesidad de envolverme, de retenerme.

Le dí mi dirección sin papel y su respuesta no me tranquilizaba...
No necesito tu ayuda, mi marido se altera con frecuencia pero después es bueno.

Tú también eres buena. No dejes que te pegue.

Olvídame, y no digas nada porque lo negaré todo, esto me lo hice un día que iba bebida ya no me acuerdo cómo...

Su tono ahora era de lija y sus palabras lograron retraerme.
Perdona...siento haberte molestado...de repente me entró una vergüenza brutal.

Pasaron los días y el timbre de mi casa no fue pulsado por sus dedos temerosos, tampoco sucedió al cabo de unos meses.

Hay amores que al encontrarse suman un total de dos fugitivos, aquella Bonnie no parecía tener a un Clyde en su vida aunque en algún momento del día a ella, le pareciese que sí, que podía serlo...



10 comentarios:

Novicia Dalila dijo...

Es tristísima la historia, Gemma. No hace mucho vi una película con esta temática y me cuesta muchísimo ponerme en la piel de esas mujeres. Esa sumisión extrema, esa convicción de que te quiere y como te quiere tanto, te pega, te maltrata, te anula... Te quiere sólo para él y tú lo aceptas porque te quiere tanto que no te quiere compartir... No ya con otro hombre, sino con tu familia, con tus hijos....
Y ese miedo irracional que sientes y que por otro lado crees que es el único sentimiento que puedes albergar en tu corazón...
No podría vivir así pero no caigo en lo que mucha gente dice: Si no les gusta, que salgan de ahí, que le dejen, que desaparezcan, que pidan ayuda.... No pueden. No pueden salir de esa cárcel sin un apoyo incondicional, constante, extremo y sobre todo, psicológico.
Necesitan que alguien les vuelva a enseñar que ellas valen por sí mismas, que tienen vida propia, que el mundo les sonríe...
He conocido a alguna mujer que vivía bajo ese yugo y que le costó media vida convencerse de que ella podía vivir sin el permiso de él.

Un beso y feliz semana, my darling.

Gemma dijo...

Es dramático y cuando lo ves, no terminas de creerte que alguien puede acostumbrarse a vivir así, con ese control de a ver con quien hablas y cuanto rato has estado y de qué hablabas y ahora no tardes porque me mosqueo y encima para que después de todo te sigan pegando por cualquier estupidez, los celos obsesivos, la baja autoestima, complejo de inferioridad, no sé yo creo que ha de ser un infierno ser víctima de una obsesión patológica como estas. Tanto para el enfermo como para su victima, creo que el que se da cuenta, el que en algún momento es racional...lo debe de pasar muy mal.

Ninguna víctima entiende tal vez que eso es una enfermedad mental? porque lo tiñen de amor y de perdón por eso siguen en el fondo, no acaban de ver que necesitan un tratamiento psicológico...es como si ellas mismas viviesen una película. Que se curen, por Dios...

Un beso fuerte, sister :D

Gracias por venir a verme.

Sicilia dijo...

Es un tema horrible Gemma!!
Y no tiene pinta de arreglarse.
En los adolescentes ya empieza este comportamiento enfermizo, quitándoles el móvil a ellas, revisando mensajes e incluso rompiéndoselo...

He visto algún caso, lo peligroso es que siguen con ellos y sin ningún tipo lastre, ni familiares ni dependiente.

Incluso ellas ven como normal este comportamiento en ellos, hace poco en una encuesta....

No se que pensar ya, signorina...
Un piacere

Beso

Sicilia

Miguel dijo...

Triste. Muy triste lo que cuentas. Y además, es verdad. Pasa. Y además, creo que no se puede hacer mucho. Es una lacra social que está clavada en nuestra sociedad y que en vez de ir a menos, va a más. No creo que ellas sean culpables en ningún caso. Nunca son ellas culpables, siempre ellos.

Un beso.

Gemma dijo...

Buenas,

Sí, es llamativo lo que cuentas Sici. Creo que esos comportamientos se observan en la adolescencia pero tengo la impresión que se arrastran desde la infancia, yo pienso que que el entorno familiar, la educación que recibes, lo que ves en tu casa desde pequeño es el verdadero entramado de esa personalidad que o bien se corrige o bien va in crecendo el verdadero problema. El factor educacional es muy importante. Aunque no siempre el maltratador ha sido maltratado sí creo que en muchos casos eres el reflejo de lo que has visto hacer, la hostilidad que uno siente por dentro termina saliendo si no te han enseñado a quererte ni a querer a nadie.

Gracias por tu comentario. Un piacere.

Baci.

Gemma dijo...

Sí estimado Miguel, pasa y con más frecuencia de la que somos capaces de asimilar. Aunque yo pienso que siempre han habido abusos y malos tratos, ahora se oyen más porque las mujeres se atreven a hablar más, porque hay personas cualificadas que se preocupan e indagan. Buscar el culpable es una forma de atacar el problema pero el problema lo que verdaderamente necesita es un proceso de subsanación mental, una terapia, y cuando estamos hablando de terapias no podemos decir tan ampliamente que ellos tienen toda la culpa, claro que la tienen pero tampoco tienen la culpa de haber mamado una infancia amarga. Creo que algunos no están totalmente perdidos, creo que se les puede reconducir, esas personas pueden trabajar duro para curarse. El problema es que muchos no ven el error en el momento que pierden el control. Y ellas, no tienen culpa por supuesto que no, ninguna, pero la que aguanta eso necesita apoyo psicológico y reafirmar su personalidad, su autoestima y valorarse, creo que necesitan trabajar sus puntos flacos, porque el amor no hace que una persona aguante palizas, o al menos yo no lo creo.

Un besote, Miguel. Gracias por dejarme tus impresiones.

V dijo...

Madre mía, ni me imagino cómo alguien puede soportar vivir así. Debe ser horrible, Gemma. Horroroso. Y al punto, aunque consigas salir de ahí, para mí que siempre te persigue la sombra. La que haces tuya y llevas contigo, digo, a fin de cuentas somos suma, y algunas cosas suman tanto que...

Un beso, guapa. Me alegro mucho de tu vuelta. Y por cierto, qué chulada la foto de la cabecera del blog. Mencanta :D

Más besis :):):)

Gemma dijo...

Hola V!

Sí hay cosas que son imborrables, para bien o para mal la memoria está ahí, siempre. Es difícil supongo soltar ese lastre totalmente pero por otra parte creo que saberte liberada, fuerte, válida, capaz...debe de sumar muchas cosas buenas en el alma no?

A veces uno imagina que lo que tiene que hacer es imposible y cuando lo hace, cuando por fin traspasa el muro...la profundidad es tan grande, tan enorme en el alma que no se reconoce de repente en su vida anterior.

Sólo con cruzar el muro ya obtienen una dosis tremenda de autosatisfacción, es como el que se quita de la droga...algo así, porque es un problema de dependencia muchas veces...

Y yo me alegro mucho de tu vista, siempre.

Muchos besis, guapérrima!

:D

saltar del tren dijo...

Hasta que uno toma conciencia y ve la vida desde otro ángulo y las posibilidades son mucho más que una realidad opresora.

Saluditos y muy buena entrada

Gemma dijo...

Efectivamente. Uno tiene que saber que hay muchas posibilidades que superan las expectativas reales. Saberlo es empezar a creerlo.

Un beso, me alegro de verte.

Gracias.