lunes, 19 de mayo de 2014

Los formales y el frío



Ante una puesta de sol así, me pregunto qué debieron sentir nuestros ancestros cuando una inmensa bola de fuego descendía para penetrar la tierra justo, delante de sus ojos. Tal vez, no sabían todo lo que nosotros sabemos del sol pero sin duda sabían que les proporcionaba calor y una mejor visión del paisaje y de las primitivas y primitivos pero, la primera puesta de sol, para el primer hombre y para la primera mujer, tuvo que significar muchísimo más que un simple apagón eléctrico de incuantificable envergadura psicológica al ver, cómo ésa bola de fuego penetraba en la tierra sin saber las consecuencias. Claro que, cuando se hizo de noche y contemplaron sobre un fondo negro incontables lucecitas blancas parpadeando, (imaginaros los primeros cielazos libres de contaminación desde el Big Bang), acompañadas de otro gran misterio para nosotros lunar, debieron reposar en la inmensidad del firmamento sus retinas detectivescas dilatadamente hasta el momento en que sus instintos depredadores o sexuales, convirtieran el primer mundo, en una auténtica selva de aquí te pillo aquí te mato.

La magia, antes que los griegos atribuyeran poderes divinos al sol Helios, tranquilizó a los hombres y aunque éstos ni siquiera lo sospecharan, operó como la única ciencia que podía predecir algunos fenómenos, aunque lo hizo siempre enarbolada por la superstición hasta que el hombre dejó de ser primitivo y unos cuantos siglos después, sacó su primer telescopio  para percatarse objetivamente de que el dios Helios comenzaba a ser un astro. La ciencia al despejar, corroboró muchas cosas y entre ellas, que la magia no era más que un truco, una ilusión





Como lo empieza siendo el amor.





como lo termina siendo siempre un lápiz y un papel..





Mientras comían juntos, y distantes y tensos,
ella muy lentamente y él como ensimismado,
hablaban con medida y doble parsimonia
de temas importantes y de algunos quebrantos.

Entonces como siempre, o como casi siempre,
el desvelo social condujo a la cultura.
Así que por la noche se fueron al teatro
sin tocarse un ojal, ni siquiera una uña.

Su sonrisa, la de ella,
era como una oferta, un anuncio, un esbozo.
Su mirada, la de él,
iba tomando nota de cómo eran sus ojos.

Y como a la salida soplaba un aire frío
y unos dedos muy blancos, indefensos y tristes
apenas asomaban por las sandalias de ella,
no hubo más remedio que entrar en un boliche.

Y ya que el camarero se demoraba tanto,
llegaron cautelosos hasta la confidencia.
Extra seca y sin hielo, por favor, y fumaron.
Y entre el humo, el amor era un rostro en la niebla.

En sus labios, los de él,
el silencio era espera, la noticia era el frío.
En su casa, la de ella,
halló café instantáneo y confianza y cobijo.

Una hora tan sólo de memoria y sondeos
hasta que sobrevino un silencio a dos voces.
Como cualquiera sabe, en tales circunstancias
es arduo decir algo que realmente no sobre.

Él probó: "sólo falta que me quede a dormir"
y ella también probó: "¿y por qué no te quedas?"
y él sin mirarla: "no, no me lo digas dos veces"
y ella en voz baja: "bueno, ¿y por qué no te quedas?"

Y sus labios, los de él,
se quedaron gustosos a besar sin usura.
Sus pies fríos, los de ella,
eran sólo el comienzo de la noche desnuda.

Fueron investigando, deshojando, nombrando,
proponiéndose metas, preguntando a los cuerpos.
Mientras la madrugada y los temas candentes
conciliaban el sueño que no durmieron ellos.

¿Quién hubiera previsto aquella tarde
que el amor, ese célebre informal,
se dedicara a ellos tan formales?

Mario Benedetti

2 comentarios:

Francesc Cornadó dijo...

Extraordinaria reflexió.
Gemma, no coneixia el teu blog i m'he endut una agradabilísima sorpresa, seguiré els teus escrits amb fidelitat.
Una abraçada
Francesc Cornadó

Gemma dijo...

Estimat Cornadó, estic molt contenta de veure't aquí! :D Gràcies per quedar-te, m'agrada la teva companyia.


Petons.